31 de octubre, Huasteca potosina. El sol desaparece detrás de la loma, el calor del día sigue flotando en el aire. Familias enteras -mujeres cargando bolsas, flores y velas, hombres con cajas de cerveza, niños silenciosos, agarrados de la mano de sus abuelas- aparecen en la entrada del panteón hasta ahora desierto y se dispersan sigilosamente entre las tumbas. Unos ancianos acomodan con cuidado botellas de refrescos sobre una mesa dispuesta en medio del cementerio. Debajo de un pequeño cobertizo, unos danzantes, vestidos a la manera de los voladores de Papantla -calzón y camisa de manta, tocados de flores artificiales- rezan frente a las cruces de madera decoradas con flores de papel de China. De repente, la melodía melancólica de un violín resuena en la noche. Áspero y incierto al principio, el sonido se afianza poco a poco, los sonidos de otro violín y de un rabel se le unen. Los danzantes empiezan a moverse y sus sonajas acompañan el compás de las piezas -unos vinuetes- que los músicos van a tocar toda la noche para celebrar el regreso de los difuntos a su tierra. Chalco, una comunidad de las afueras de Axtla de Terrazas, está celebrando la fiesta de Xantolo.
La palabra Xantolo se deriva probablemente del latín
Sanctórum, nombre bajo el cual los europeos designaban la fiesta de Todos los Santos. La fiesta católica se mezcló con las festividades prehispánicas celebrando el fin del ciclo agrícola y el regreso de los difuntos, las cuales caían en las mismas fechas, dando lugar a la fiesta más importante del año para los
Huastecos.
"El Xantolo, como todas las celebraciones de día de muertos en México, se funda en una creencia básica: las ánimas de los fieles difuntos llegan durante esta fecha a estar con sus familiares y amigos... La familia y la comunidad tienen que prepararse para poder recibirlas y ofrendarlas adecuadamente"
(1) ya que los difuntos, intermediarios entre el mundo terrenal y el mundo sobrenatural, pueden traer beneficios a su familia pero también desgracias y enfermedades. Numerosos cuentos en la Huasteca hablan de familias castigadas con la muerte por no querer recibir y honrar a las ánimas.
La gente de la Huasteca empieza a preparar el Xantolo el día de San Juan, 24 de junio, fecha en la cual se siembran las semillas de las flores que van a adornar el altar familiar o arco (
cempasúchil, mano de león). El 25 de Julio, día de Santiago, se siembra la variedad de frijol (zarabanda) que se va a utilizar para la preparación de los tamales de Xantolo. El 29 de septiembre, día de la San Miguel, se realiza la primera ofrenda a los muertos en los altares familiares y en el cementerio. Los preparativos se intensifican durante el mes de octubre: elaboración de artículos de barro -candeleros en forma de animales, burritos, venados, guajolotes-, ollas, sahumadores y miniaturas para las ofrendas, bordado de servilletas y de manteles, preparación de los tamales y del chocolate a cargo de las mujeres; cosecha del maíz que va a ayudar a solventar los gastos de la fiesta, a cargo de los hombres.
Tianguis "grandes" se organizan en cada pueblo, donde se venden todos los insumos necesarios a la elaboración de los altares tradicionales -los arcos- y a la celebración del Xantolo, pero no los panes de muertos, las calaveritas de azúcar y el papel picado imprescindibles en los días de muertos del altiplano.
El Xantolo en la Huasteca es una fiesta más familiar que comunitaria: las ceremonias más importantes se desarrollan frente al arco y en el cementerio. Sin embargo, son tradicionales también las comparsas de Coles (abuelos) que andan por las calles de los pueblos y en algunos pueblos, las Danzas de Xantolo acompañadas por los alegres sones huastecos.
Los arcos se arman con dos varas flexibles amarradas a las patas delanteras y traseras de una mesa, formando dos arcos unidos por 7 travesaños simbolizando los 7 ríos que la ánima debe cruzar desde el inframundo para regresar a la tierra. Los arcos se "visten" con palmilla y ramilletes o guirnaldas de flores de cempasúchil. Las ofrendas -agua, frutas, cacahuates con dulces y refrescos si la ofrenda está destinada a un niño, cerveza, cigarros, alimentos con picante si el altar está destinado a recibir a un adulto- se disponen sobre la mesa alrededor del retrato del difunto. En el suelo frente al arco, las velas de los candeleros y el sahumerio con pedazos de copal humeante esperan a las almas de los difuntos que llegan al altar guiadas por el "caminito" de flores de cempasúchil.
El primero de noviembre, se reúne toda la familia frente al arco para "hablar" con los familiares difuntos y pedirles ayuda y protección. "El pariente muerto se convierte en un intercesor de la familia ante los poderes sagrados"
(2) y el arco en un espacio de comunicación: se busca la "respuesta" del difunto en la ofrenda -plato que se movió, vaso que se vació-, etc. Unas familias contratan un trío huasteco para que toque vinuetes, los "huapangos tristes", mientras comparten el alimento tradicional de este día: los tamales. Los vinuetes o minuetes, una música de baile francesa del siglo XVIII pasaron de la corte real francesa a la española y más tarde, emigraron al nuevo mundo. Sin embargo, Alejo Carpentier, escritor cubano y musicólogo, afirma que el menuet llegó a la isla de Cuba con los terratenientes franceses huyendo de Haití después de la revolución francesa.
La actividad más representativa del Xantolo es la
visita al panteón -los días de visitas y sus modalidades varían según los pueblos-. Se lavan o pintan las tumbas, se las decoran con cruces de pétalos de cempasúchil, se prenden velas y se depositan los alimentos y las bebidas en la lápida. La familia reza, come, bebe y convive con las demás familias. En el panteón de Chalco, se oye música una gran parte de la noche, mientras que el bastón de mando está entregado al fiscal recién elegido que será el encargado del panteón para el año que viene. En la madrugada, se reparten grandes porciones de zacahuil -tamal gigante- a los que siguen vigilando a las tumbas de sus familiares, escondidos bajo varios cobertores.
Otro elemento característico del Xantolo son
las comparsas de Coles -los difuntos de regreso a la tierra- que andan por las calles de los pueblos. Sus integrantes son hombres jóvenes disfrazados de diablo, de charro, de indios de película, de muerte con su guadaña o de mujer. Usan generalmente máscaras de madera pero también de látex más propios de
Halloween. El baile de los Coles inicia en el panteón donde el integrante del grupo que representa al diablo despierta a los muertos con su látigo y los incita a salir de sus tumbas. Los Coles están generalmente acompañados por un trío huasteco, violín, quinta y jarana y bailan y gastan bromas en cada casa "para purificarlas" a cambio de unas "ofrendas", cerveza o dinero. Los rodea siempre una nube de niños, que les lanzan desafíos y gritan de terror cuando ellos los persiguen haciendo chasquear sus látigos. El que decide ser Cole adquiere un compromiso serio: participar durante siete Xantolos. Se dice que al que no cumple, "los muertos se lo llevan".