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Tlahuelompa

Una alquimia de tierra y fuego:
Las campanas de Tlahuelompa.

(Estado de Hidalgo)

Mucho antes de llegar a Tlahuelompa, se descubre desde un mirador este pueblo de la Sierra Hidalguense, a mitad de camino entre la zona alta y boscosa de la montaña y un profundo barranco. Unos Kms. de bajada sinuosa llevan a un pequeño zócalo, el cual, sea cual sea el día de la semana, la hora o la temperatura, se encuentra invariablemente desierto, al igual que las calles vecinas. A pesar de sus casas recién pintadas, de sus calles limpias y de las estadísticas oficiales afirmando que aquí viven más de 1,000 personas, a primera vista Tlahuelompa parece ser un pueblo fantasma.

La explicación, la tiene la Delegada del Municipio: "No hay nadie en las calles, porque todos están trabajando. En Tlahuelompa, todos tienen su taller -los que no fabrican campanas fabrican ropa, mangueras, cirios, imágenes y orfebrería religiosas o vinos-". Hasta hace poco había 20 talleres de fundición de campanas en Tlahuelompa, hoy este número quedó reducido a la mitad -los altos precios del cobre y del estaño dificultan el reemplazo de las campanas rajadas y desafinadas- por lo que una parte de los habitantes de Tlahuelompa se dedican hoy a actividades alternativas.

Nadie sabe desde cuando se funden campanas en Tlahuelompa, ni quien estableció el primer taller, ni porque escogió este lugar pero es de recordar que todo el Estado de Hidalgo tiene una larga tradición de trabajo de los metales. Hoy en día, si bien es cierto que existen otros fundidores de campanas en la República, es el Estado de Hidalgo el que concentra -en Tlahuelompa y en el pueblo vecino de Tizapán de Zaragoza- el mayor número de campaneros y donde se funden una gran parte de las campanas que oímos en México.

Las primeras campanas llegaron al Nuevo Mundo con las órdenes religiosas -la música desempeñó un papel decisivo en la conversión de los indígenas- y poco tiempo después desembarcaron los maestros campaneros: se funden campanas en la Nueva España desde los primeros tiempos de la colonización. Unos maestros campaneros establecieron sus propios talleres, otros trabajaron para las órdenes religiosas; quizás hubo también, como en Europa, maestros campaneros itinerantes quienes iban de ciudad en ciudad, fundiendo sus campanas al pié de los campanarios.

La fundición de una campana sigue siendo en el siglo XXI un trabajo artesanal las técnicas, las herramientas y las materias primas no han cambiado en muchos siglos. Y aunque ya no existen como en la Edad Media secretos de fabricación que se transmiten de padre a hijo o dentro del mismo gremio, se requiere de muchos conocimientos técnicos y de una sólida experiencia para llevar a cabo el delicado proceso de fundición de una campana.

Tuvimos la suerte de presenciar varias etapas de este proceso en el taller de la Familia Cortez donde Don Javier y su tío Don Esteban siguen la tradición de la familia y del pueblo. Don Javier empezó a ayudar en el taller de su padre a los diez años de edad. A pesar de las dificultades, nunca pensó en cambiar de trabajo -"Lo único que sé hacer es hacer campanas"- ni en emigrar. Habla de su oficio y trabaja con pasión.

Para fundir una campana, Don Javier tiene que elaborar tres moldes que encajan uno dentro del otro, como muñecas rusas. El primer molde -podría llamarse el molde interno o núcleo- corresponde a la forma interior de la campana. El segundo -la falsa campana- se moldea sobre el primero y es la representación exacta de la campana proyectada. Sobre la falsa campana, se pegan decoraciones y inscripciones de cera. Las campanas llevan en general su nombre y su fecha de fundición, símbolos religiosos -una cruz, la imagen de un santo o de la Guadalupe...-, a veces el nombre del fundidor o del que la encargó. El tercero molde -el molde externo- se modela sobre la falsa campana, la cual será destruida y reemplazada por el metal derretido. Los tres moldes están hechos de arcilla y pedazos de ladrillos, el molde externo está reforzado por pequeñas placas de metal y alambre.

Los moldes son cocidos con fuego de leña para poder resistir a la presión y la temperatura del metal en fusión. Si la campana es muy grande, los moldes serán enterrados en una fosa para evitar que se agrieten o exploten durante el colado. Arriba del molde externo, se agrega el molde de la corona.

El instrumento más importante para la elaboración de los moldes es el escotillón o plantilla. Esta herramienta que tiene cierto parecido con una veleta gira alrededor de un eje, definiendo el perfil de la campana. Es impresionante notar que en el libro del Abate Noël Pluche, "El espectáculo de la naturaleza" (1732), del cual se han encontrado varios ejemplares en México, se encuentra dibujado un escotillón exactamente igual a la que se usa hoy en día en el taller de los Cortez.

Para la fabricación de una campana, se usa una aleación de cobre con estaño. Según Don Javier, una campana "fina" debe tener 80 % cobre y 20 % de estaño. Pero debido a los altos costos del metal, se usa frecuentemente un porcentaje más bajo de estaño. Además, es común que las comunidades o los pueblos pidan la refundición de una campana antigua, de la cual no se conoce la proporción de los metales que emplearon sus creadores hace unos siglos.

El resultado esperado -un sonido lleno y armonioso- no está de ninguna manera asegurado, la acústica de una campana conserva su parte de misterio. Un fundidor experimentado aclaró hace poco que incluso "con un molde perfecto, una alineación exacta e invariable, con metales de calidad normal, lo que es difícil de encontrar incluso en los metales nuevos, y suponiendo que todas las operaciones de la fundición y del moldaje se realicen con la más grande regularidad, el fabricante más hábil no puede garantizar rigurosamente el sonido de una campana (1)".

El día de la fundición, mientras las barras de metal terminan de derretirse en el horno, Don Javier y su equipo -son varias las personas, entre familiares y amigos, que han venido a ayudar al colado- colocan los pesados moldes externos sobre los moldes internos con la ayuda de una polea y los amarran con alambre a unas bases de cemento: serán este día nueve campanas y un nombre igual de badajos que se van a fundir. De vez en cuando, se agita el metal en fusión con varas de madera, provocando un estallido de llamas verdes en la boca del horno.

Cuando, después de varias horas, el metal está completamente derretido, empieza el trabajo más peligroso: el colado. Don Javier se persigna, rompe el tapón que obstruye la salida del horno y de repente una serpiente plateada del metal en fusión fluye en el crisol.
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Los dos hombres que lo sostienen llenan los nueve moldes y una parte de los badajos el metal fundido no alcanzará para todos este día. Esta operación dura para cada campana unos quince segundos y es la más difícil e importante de todo el proceso. Sea cual sea la pericia del maestro campanero, la campana presenta a veces defectos -grietas u oquedades- y debe ser destruida.

Pero en esta ocasión, la operación fue todo un éxito. Al día siguiente, cuando se rompieron los moldes, el rostro de todos los presentes reflejaba alegría: las nueve campanas, unas piezas únicas y irrepetibles, habían salido perfectas. No necesitaban nada más que un pulido antes de ser entregadas a los pueblos que las encargaron.

Estamos tan acostumbrados al sonido de las campanas que olvidamos que son algo más que los instrumentos de percusión más antiguos del mundo.

En Extremo Oriente donde las primeras campanas aparecieron mil años antes de nuestra era, se consideraba que su sonido tenía el poder de vincular el cielo con la tierra, de armonizar y purificar el universo.

Las campanas se expandieron junto con el cristianismo, quien se reservó su uso a fines litúrgicos y les dio trato de ser humano: las campanas llevan inscripciones con su nombre y la fecha de su fundición, tienen madrina -la cual echaba en el pasado una alhaja de oro al metal en fusión antes del colado- y son bautizadas antes de sonar por primera vez. Una de las campanas de la Catedral de México fue castigada durante 60 años por ocasionar la muerte de su campanero una penitencia levantada hace poco en ocasión de la visita de un Papa.

A las campanas, se les reconoció siempre poderes mágicos. La Europa del Medioevo tocaba las campanas para alejar las tormentas y el granizo, y ataba campanillas o cascabeles al cuello de los niños, de los caballos, de los animales de pastoreo para ahuyentar a los malos espíritus y a las enfermedades.

Hoy en día, el sonido familiar y cósmico de las campanas llama a los oficios religiosos, marca las horas del día y de la noche, acompaña los momentos felices o graves de la vida de los pueblos, convoca a sus habitantes en caso de peligro, fortalece el lazo comunitario. Las campanas son "la voz de Dios" -se han encontrado campanas con esta inscripción- pero también la voz de los pueblos, una voz que sigue viva gracias a fundidores de campanas como los de Tlahuelompa.

Cómo llegar
:
- En transporte colectivo: Desde Pachuca, salen camiones para Huejutla (bajar en Zacualtipan de Ángeles) o taxis colectivos para Zacualtipan de Ángeles (frente a la central camionera). En Zacualtipan, tomar el pesero para Tlahuelompa (cada 45 minutos aprox.). Se puede también bajar unos Km. antes de llegar a Zacualtipan, en el cruce que indica Tlahuelompa y esperar el pesero que viene de Zacualtipan.

- En automóvil: Tomar la autopista en dirección a Pachuca, y seguir los letreros "corredor de la montaña" y Huejutla. Unos Km. antes de llegar a Zacualtipan de Ángeles, desviarse a la derecha en el cruce que indica Tlahuelompa (8 Km.)

Dónde comer y dormir:
No hay restaurantes, ni hoteles en Tlahuelompa, pero hay todos los servicios en la cabecera del Municipio, Zacualtipan de Ángeles, a unos 10 Km. Se recomienda probar el zacahuil de Doña Mari en la Calle López Mateos.

Informaciones útiles:
- En el siglo XVI, las campanas fueron colocadas en espadañas, las torres-campanarios aparecieron más tarde. No muy lejos de Tlahuelompa, en el Estado de Hidalgo, subsisten varios ejemplos de espadañas edificadas por los frailes agustinos: espadañas-remate de las fachadas de los templos de Metztitlan (siete vanos) y Jihuico (cinco vanos) o espadañas-pared de las bardas atriales de Molango y Tlanchinol (2 rangos de tres vanos).

- Vale la pena caminar en las calles de Tlahuelompa: el pueblo conserva unas bonitas casas del fin del siglo XIX y otras de los años 20-30. Su iglesia reciente -fue construida en el año 1988- presenta una estética vanguardista muy interesante, que sorprende en un pueblo de este tamaño.

- Taller de la Familia Cortez: Cerrada Juárez # 50. Tlahuelompa. Hidalgo. Tel: 01(774) 7440227. Cel: (045) 7711949093. Contacto: Javier Cortez Leyva.

- La película de Andrei Tarkovsky (1969) "Andréi Rublev" -pintor ruso de íconos del siglo 15- se hizo famosa por la escena de fundición de una gran campana.

(1) Campanas de México. Pag 26.

Referencias Bibliográficas:
- Le Spectacle de la Nature. Abate Noël Pluche. 1732. Traducido al español en 1758.

- Campanas de México. Abelardo Carrillo y Gariel. UNAM/IIE. 1989.

- Campanas de México. Daniel Molina Álvarez. Autor/Secretaría de Cultura. 2007.

- Tlahuelompa y sus campanas. Daniel Guzmán Vargas. Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Col. Cuadernos de la Tradición. 2009.

Texto Anne Bonnefoy
Fotografía Anne Bonnefoy

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Última actualización de información: Febrero 2012

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