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Santa Teresa del Nayar

La Judea de Santa Teresa del Nayar
(Estado de Nayarit)

El Cessna despega suavemente de la pista de Santiago Ixcuintla. Waldo, el piloto, enseña a sus tres pasajeros -el avión está lleno- una montaña que se divisa a lo lejos. Detrás de su punto más alto, se encuentra Santa Teresa, meta de nuestro viaje, donde está previsto aterrizar en 35 minutos.

El pequeño avión sobrevuela las llanuras que rodean el pueblo de Ruiz y varios ríos que serpentean entre los campos de cultivo. Poco a poco, los campos se arrugan, los ríos desaparecen en el fondo de barrancos cada vez más profundos. La montaña se eleva ahora como una pared en frente del avión, parece más alta y más infranqueable a medida que nos acercamos.

Los oídos se tapan, nos solidarizamos mentalmente con el motor del avión que sigue su ascenso. Aparecen impresionantes peñascos y, por fin, el borde del acantilado. De repente, el paisaje sube hacia nosotros, es ahora una planicie amarilla, con bosques de pinos. Sobrevolamos el caserío de Rancho Viejo y 10 minutos después, aterrizamos en medio de una nube de polvo rojo que tarda minutos en asentarse, a poca distancia del “centro” del pueblo Cora de Santa Teresa.

Los Coras, o Na’ayarij cómo ellos se autonombran, tuvieron la suerte de no encontrarse en el camino de Nuño de Guzmán en 1531. Si bien participaron en todas las rebeliones indígenas del siglo XVI y XVII, lograron mantenerse alejados tanto de la Iglesia católica cómo del poder virreinal hasta bien entrado el siglo XVIII. En 1722, cuando Juan de la Torre conquistó militarmente la Sierra del Nayar, los Jesuitas se hicieron cargo de la evangelización de la región.

Reagruparon la población cora en ochos pueblos-misiones, entre ellos Santa Teresa -Kueimarutse’e en lengua cora. Después de la expulsión de los jesuitas en 1767, la presencia de los religiosos se volvió intermitente- la historiadora Laura Magriña habla de “88 años de contacto directo -de los Coras- con la religión católica por un periodo de 450 años”.

La combinación de la historia con la geografía explica perfectamente porqué los Coras han conservado hasta hoy una gran parte de sus creencias prehispánicas, por cierto reubicadas dentro de un marco cristiano. Celebran todo el año fiestas, unas católicas -Santa Teresa, Virgen de Guadalupe, Santos Reyes, etc- y otras ligadas al ciclo agrícola - mitote del Esquite, del Elote, de las Pachitas, la más emblemática de todas, por su sincretismo, siendo la fiesta de Semana Santa o Judea.

Se desarrolla en la plaza principal que reúne en su alrededor los edificios más antiguos del pueblo. En el costado oeste y su esquina norte, se encuentran las tres iglesias de Santa Teresa: el templo franciscano, edificio rústico construido después de la expulsión de los jesuitas, la casa cural donde se celebra a veces la misa y las ruinas del templo jesuita. Es un edificio de gran belleza, cuyas piedras se iluminan de un extraordinario tono ocre rojo a la luz del atardecer. En el lado norte de la plaza se encuentran dos edificios de cantera, uno de los cuales alberga el interesante Museo Comunitario. Del lado oeste, en frente del templo franciscano, está la antigua Casa Fuerte o Casa Real con su techo de paja.

La Judea empieza muy temprano el Jueves Santo en la casa del Mayordomo. Dos hojas de magueyes han sido dispuestas en la puerta, una contiene arcilla blanca disuelta en agua y la otra una mezcla de miel con olote quemado. Adultos jóvenes y niños llegan de todas las rancherías vecinas para “borrarse”, o sea pintarse y transformarse en judíos o demonios. Los nuevos “borrados” llevan sombreros -los niños usan unos tocados decorados de tiras de papel de China que les tapan una parte de la cara-, morrales tejidos con todo tipo de motivos y “sables”, unos palos de madera gruesos y pesados.

Mientras tanto, en la iglesia, ha sido instalada la Escalera del Padre Sol encima del altar mayor, sus cinco escalones recubiertos de un brocado y adornados de ambos lados de círculos hechos de “cucharas”. Según los etnólogos, la escalera representa una pirámide escalonada y “los cinco escalones… los cinco planos cosmológicos a través de los cuales debe ascender el Padre Sol(1)”.

En el coro alto, unos hombres entonan cánticos en latín, leyendo su texto en unos papeles carcomidos, heredados de los jesuitas. Sus voces roncas que acompaña el sonido conmovedor de un rústico violín expresan una profunda religiosidad. El olor y el humo del copal encendido por las “tenanches” llenan la iglesia.

Afuera, los combates rituales han empezado, vigilados por los dos centuriones: el centurión negro, vestido de negro, el rostro escondido detrás de una gasa negra, y el centurión blanco, con sombrero de charro. Los “borrados” circulan en pequeños grupos por la plaza, a paso rítmico, al son de un tambor -“bulé”- y de una flauta. Se lanzan desafíos bajo la mirada de los escasos visitantes y de las mujeres, vestidas con el traje típico de las tereseñas: una falda de color fuerte y una blusa a tono con aplicaciones de flores que hace juego con las del ruedo de la falda.

En la tarde, salen en procesión los santos patronos de la iglesia, con los centuriones a su cabeza. Los “borrados” llevando cañas muy altas siguen la procesión y tratan de impedirle el paso en su recorrido por el pueblo.
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A su regreso, los santos reciben la vista de los clanes de toda la región. El más anciano del grupo les obsequia unos presentes, flores y copos de algodón -el algodón, símbolo de las nubes, es sagrado para los Coras- antes de bendecir a los niños con un ramo de flores.

El denso humo del copal baila en la luz de atardecer que entra a raudales en la iglesia. La numerosa asistencia observa un silencio absoluto. Los “borrados” siguen bailando durante la noche, persiguiendo al Cristo Sol por todo el pueblo.

Temprano en la mañana del Viernes Santo, los “borrados” irrumpen en la iglesia -la Escalera del Padre Sol ha sido removida- y dan simbólicamente muerte al Cristo. Ahora pintados con colores fuertes rojo, verde, azul, llevando hojas de plátano alrededor del cuello, se dividen en dos bandas que van a llevar a cabo combates rituales hasta el día siguiente. Imponen su ley en el pueblo, gastan todo tipo de bromas como encerrar a la gente en la iglesia, obligar a los espectadores a bailar con ellos, cortar las trenzas de las mujeres o romper sus peinetas -hoy todas las mujeres llevan el pelo suelto-.

La tensión crece a lo largo del día, y también la cantidad de botellas vacías en el suelo.
Después de la misa que reúne diez personas, sale la procesión del Santo Entierro, decorado con copos de algodón. Los tambores retumban toda la noche, los borrados van de casa en casa pidiendo comida.

En la mañana del Sábado de Gloria, los primeros cohetes anuncian el principio del regreso al orden. Los “borrados” que habían entrado a la iglesia salen arrastrándose en el suelo. Bajan el centurión negro de su caballo. Cristo Sol resucita, el Mal está vencido, los demonios retornan a su condición humana, el equilibrio regresa al pueblo. El médico del pueblo termina de curar a los heridos de los combates de la última noche y hace el balance de la fiesta: la Judea ha cobrado dos vidas este año.

Mientras esperamos en la pista el avión que nos llevará de regreso a nuestro mundo, recordamos los 4 días que hemos compartido con los habitantes de Santa Teresa. Hemos presenciado una fiesta extraordinaria y unos ritos que pensábamos desaparecidos desde hace mucho tiempo. Sin embargo, más que una fiesta, la Judea es una escenificación del pensamiento de los Coras, para los cuales el mundo es gobernado por fuerzas cósmicas antagónicas - luz y oscuridad. Quinientos años después de la conquista, la cosmogonía cora sigue viva.

Cómo llegar:
- Por coche. La carretera está asfaltada hasta el cruce de San Miguel del Zapote. Después es terracería.

- Por el camión que sale de Ruiz tres veces a la semana -recorrido de 8 horas-.

- Por avión -con Waldo o “el Gringo Tomas”- desde Tepic o la pista de Santiago Ixcuintla.

Dónde comer y dormir:
En cabañas rusticas, bonitas y acogedoras. Contacto: CDI Tepic: Tel: 01(311) 213 31 25.
Santa Teresa: 01(200) 124 79 46 al 49.

Nacho, el contacto del CDI en Santa Teresa, se encarga de distribuir a los visitantes en las cabañas. El puede también ayudar a los visitantes a organizar recorridos en los alrededores -hacia la cascada, la laguna, el venadario, etc-.

El pueblo de Santa Teresa está situado en medio de una naturaleza magnifica e intacta. En los restaurantes del pueblito. En Santa Teresa, hay una caseta telefónica y una clínica.

(1) Peter Furst y Scott Stuart, La escalera del Padre Sol. Boletín INAH. 1975

Referencias:
- José Antonio Bugarín. Visita de las misiones del Nayarit. Prólogo de Jean Meyer.
- Colección de documentos para la historia de Nayarit. CEMCA
1. Thomas Calvo: Los albores de un Nuevo Mundo
2. Jean Meyer: Nuevas mutaciones, el siglo XVIII
3. Jean Meyer: El Gran Nayar
4. Jean Meyer: La tierra de Manuel Lozada
- Laura Magriña: Los Coras entre 1531 y 1722. ¿Indios de guerra o indios de paz?
- Jesús Jáuregui: Coras. CDI y PNUD México.
- Jesús Jáuregui y Laura Magriña: La escalera del Padre Sol en la Judea de los Coras. Arqueología Mexicana nº 85.
- Jesús Jáuregui: Los guerreros Coras y los peregrinos Huicholes. La tradición nativa de la pintura corporal y facial. Arqueología Mexicana nº 65.
- Jesús Jáuregui: La serpiente emplumada entre los Coras y Huicholes. Arqueología Mexicana nº 53.
- Cecilia Gutiérrez Arriola: Misiones del Nayar: la postrera obra de los jesuitas en la Nueva España. IIE, UNAM 2007.

Enciclopedia de los Municipios de México.
Pueblos Indigenas de México.
CDI - Coras


Texto AnneBonnefoy
Fotografía AnneBonnefoy

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Última actualización de información: Junio 2008

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