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San Sebastián del Oeste y Mascota

San Sebastián del Oeste y Mascota.
En los Altos de Puerto Vallarta.

(Estado de Jalisco)

Hay pueblos, como gente, que tienen suerte: San Sebastián -del Oeste por su ubicación al oeste del Estado de Jalisco- se durmió al principio del siglo XX cuando la última mina en actividad cerró, para despertarse en el siglo XXI, con su trazado original y sus casonas señoriales casi intactos, y presentar su solicitud de inscripción en la lista del patrimonio mundial de la UNESCO. La solicitud que remonta al 2005 no tuvo hasta ahora respuesta de parte de este organismo, pero es muy probable que la tenga en el futuro, ya que San Sebastián del Oeste es un pueblo hermoso, preservado y representativo de la historia de la minería en México.

Los españoles llegaron en 1524 al intricado territorio de Hoxtotipac en el corazón de la Sierra Madre Occidental, habitado por tribus nahuatlacas a poco tiempo de la conquista. Después del descubrimiento prometedor de vetas de oro y plata, fundaron en 1542 tres reales a unos kilómetros uno del otro: Real de Resurrección -hoy Real Alto-, Real de los Reyes y Real de San Sebastián. La explotación de los metales preciosos y comunes duró menos de un siglo: las vetas enterradas presentaban dificultades importantes para la técnica minera de la época y la explotación a gran escala fue abandonada.

Una nueva etapa empezó en 1865 en Los Reyes y San Sebastián: durante 50 años, más de 80 minas fueron abiertas y explotadas, la población alcanzó 20.000 personas, entre ellas muchos extranjeros. Varias haciendas de la zona se beneficiaban del metal extraído. La explotación se interrumpió con la revolución y fue definitivamente abandonada en los años veinte. Hoy en día, San Sebastián cuenta con 600 habitantes. Sólo una mina de la región está en actividad: la Quiteria, situada en Los Reyes.

San Sebastián está construido en la pendiente de un cerro y su trazo irregular sigue la accidentada topografía del lugar. De su época de esplendor, el pueblo ha conservado sus casonas, con unos inmensos techos de tejas que cubren los corredores exteriores e interiores, alrededor de la gran plaza con su kiosco porfiriano.

Varios edificios se destacan, entre otros el “Pabellón Mexicano”, la ex-tienda de raya de la Hacienda Jalisco, hoy transformada en hotel en la esquina sureste de la plaza; la iglesia, dedicada a San Sebastián, reconstruida después de que un temblor destruyó en 1868 el antiguo edificio de adobe y madera edificado por los franciscanos dos siglos antes; la Posada del Sol con su arquería colonial.

Detrás de la iglesia un callejón conduce al bonito y curioso “Puente curvo”. Vale la pena torcerse los tobillos en el empedrado de las calles para conocer algunos barrios del pueblo como “La Pareja”, “La Reina” o “El Rey Dormido”, este último por una cantina que llevaba este nombre. Todas las casas están pintadas de rojo veneciano en su base y de blanco, lo que confiere una gran unidad al conjunto.

La gente del lugar parece vivir en otro tiempo, las mujeres interpelándose de casa a casa, los ancianos tomando el sol en los portales, niños jugando y gritando. Los únicos seres vivientes que parecen estresados son las gallinas quienes cruzan apresuradamente las calles, evitando carros invisibles o anticipando el futuro tráfico que la carretera en construcción traerá inevitablemente.

En las afueras, se pueden visitar varias haciendas, unas destruidas como “La Máquina” y otras cuidadosamente restauradas como la Quinta que produce café orgánico, la Galera, la Hacienda San José con su palmera solitaria o la Hacienda Jalisco. Ésta se encuentra en la entrada del pueblo, detrás de la pista de aterrizaje, cruzando unos campos azules de agaves tequileros. Antigua hacienda de beneficio de la mina la Quiteria, la Hacienda Jalisco es hoy un hotel-museo que conserva sus instalaciones de transformación del metal.

Un recorrido de una hora por un camino de terraceria en fuerte subida permite alcanzar el Real Alto, que hoy no cuenta más de treinta habitantes. Su iglesia ostenta la fecha de 1726 y está dedicada a la Virgen del Rosario, cuya pequeña y bellísima imagen atrae peregrinos de toda la región. En el atrio de la iglesia, un rosal esta cubierto de aromáticas flores blancas. Los lugareños cuentan que tiene flores todo el año y que creció en el lugar donde fue enterrada la mula que trajo la imagen de la Virgen y que murió llegando a la puerta de la iglesia.

A unos kilómetros del Real Alto, el mirador de la Bufa ofrece una impresionante vista sobre la Sierra Madre del Sur, hasta el Pacífico. Otro recorrido lleva a Los Reyes, pequeño, bonito y olvidado pueblo, muy parecido a lo que fue San Sebastián hace no mucho tiempo.

En la noche, la neblina baja dando vueltas sobre el pueblo, se engancha en los árboles y se hunde en el mar de tejas. Una extraña luz blanca envuelve entonces al pueblo, las voces se oyen lejanas y distorsionadas, mientras que por las calles circulan modernos fantasmas de carros o de gente.

Mascota - del náhuatl Amaxacotlán Mazocótla, tierra de venados, ocotes y culebras - más que un pueblo, es una pequeña y animada ciudad de 15.000 habitantes. El territorio donde los colonizadores españoles fundaron el pueblo minero de Mascota era, como San Sebastián, poblado por tribus nahuatlacas. Como en San Sebastián, el trazado de la ciudad es irregular y tiene numerosas y antiguas casonas. Sin embargo, la comparación no va más allá: Mascota está situado en medio de un valle muy fértil, donde se practica desde la época colonial la ganadería y la agricultura. Tuvo en el siglo XIX una actividad industrial que perdura hasta el día de hoy, lo que le permitió evitar los altibajos económicos que afectan los pueblos mineros y los reducen cíclicamente a la condición de pueblos fantasma.

Un paseo por la ciudad empieza con la clásica plaza principal, sus portales, su kiosco, sus bancos que llevan el nombre del donador -desde el Exmo. y Rvmo. Sr. Obispo B. Anastasio Hurtado Trazo hasta el vecino del barrio, pasando por un gran numero de Licenciados- y la Parroquia dedicada a la Virgen de los Dolores. Se visita también un bonito museo arqueológico, creado con la ayuda del National Geographic, que expone piezas provenientes de excavaciones en el Municipio -piezas poco vistas como cuentas de cristal de roca pulido o piedras con petroglifos traídas del sitio de Mesa Colorada. El Museo Raúl Rodriguez Peña, dedicado a artístas jaliscienses destacados como Esther Fernández, oriunda de Mascota, presenta fotos y recuerdos de la actriz, así como objetos antiguos obsequiados por la gente del lugar. Unas bien conservadas casonas bordean la calle que conduce al templo inconcluso de la Preciosa Sangre.
Un recorrido de aproximadamente 50 kilómetros hacia el noreste de Mascota ofrece atractivos turísticos sorprendentemente variados: pueblos muy bonitos como La Yerbabuena, Cimarrón Chico y el pueblo minero de Navidad, donde se elabora la raicilla (tequila de un agave silvestre, la lechuguilla) en las “tabernas” según el proceso tradicional; la laguna de Juanacatlán, cráter volcánico en medio de bosques de pinos; “El Molcajete”, volcán que parece de juguete; el Malpais, campo de lava petrificada ; y la Mesa Colorada donde se puede apreciar en el lecho del arroyo Galope o en las paredes de la cañada unos 30 petrograbados, la mayoría en forma de espiral. A lo largo del camino, se descubren, en medio de paisajes hermosos, los ranchos tradicionales de adobe, con sus corredores rodeando el edificio.

Mascota ofrece muchos sitios de interés, históricos o naturales. Sin embargo, entre los mejores recuerdos que el viajero se llevará de esta pequeña ciudad, están la gran amabilidad de sus habitantes y su atmósfera de provincia del siglo XIX donde los acontecimientos de la vida cotidiana conservan importancia y significado.

Cómo llegar a San Sebastián y Mascota desde Puerto Vallarta:
-En carro particular: Por la nueva carretera 70 Puerto Vallarta-Guadalajara. San Sebastián se encuentra a 60 Km de Puerto Vallarta y Mascota a 98 Km.

-En transporte público: Detrás del hyper Mega, salen camiones para Mascota 3 veces al día. No hay transporte público para San Sebastián, el camión de Mascota deja al viajero en La Estancia; desde allí, tiene que pedir un aventón hasta San Sebastián o caminar 10 Km. Entre Mascota y San Sebastián, el señor Chano hace transporte de carga todos los días y acepta unos pasajeros.

Dónde comer y dormir en San Sebastián y Mascota:
Hay hoteles y alojamientos de todas categorías en los dos pueblos. En Mascota, el Mesón de Santa Elena y Villa Cantabria son parte de la Asociación “Haciendas y casas rurales de Occidente”.

Hay muchos restaurantes en los dos pueblos, donde se come muy bien platillos elaborados a base de productos naturales de la región. En San Sebastián, el comedor tradicional La Lupita (a la entrada del pueblo) es una buena opción.

Referencias:
Secretaría de Turismo de Jalisco.
UNESCO World Heritage Center.
Enciclopedia de los Municipios de México.

Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara.

Texto Anne Bonnefoy
Fotografía Anne Bonnefoy

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Última actualización de información: Septiembre 2007

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