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San Mateo del Mar

Viento del norte o viento del sur: el ritmo del tiempo en San Mateo del Mar

(Estado de Oaxaca)

El viento arreció durante la noche. Los primeros rayos del sol iluminan palmeras ondulando en el aire como plantas acuáticas. Torbellinos de polvo y de hojas secas persiguen y envuelven a los transeúntes que cruzan apresuradamente la calle. El silbido contínuo del viento acompaña el golpeteo de los techos de lámina. Caminos oscuros aparecen y desaparecen en un instante sobre el agua de las lagunas. Estamos al principio del mes de febrero, el viento del norte, frío, seco y violento, reina sobre San Mateo del Mar.

El pueblo de San Mateo del Mar está situado en una estrecha franja arenosa de unos 40 Km. de largo que se extiende entre el mal nombrado Mar Pacífico y la Laguna Inferior, en la costa meridional del Istmo de Tehuantepec. Delimita con los pueblos de Santa María del Mar, Santo Dionisio del Mar y San Francisco del Mar, el territorio de los huaves o ikoots.

No se sabe desde cuando los huaves viven en el Istmo, ni de donde vienen. El idioma que hablan y que solo ellos entienden no tiene parecido con ningún otro en la región. Lo único que se puede decir es que a la llegada de los españoles, los huaves ocupaban el mismo territorio -donde habían sido obligados a retirarse por los zapotecos- que al día de hoy.

La evangelización de los huaves fue llevada a cabo por los frailes dominicos en el siglo XVII. Construyeron templos grandes en San Francisco y San Dionisio y edificios menores en Santa María y San Mateo. El templo de San Francisco ha desaparecido, pero los demás han llegado a nuestra época, el de San Dionisio muy deteriorado. De las cuatro comunidades, la única que ha conservado además de su templo, su idioma, su cultura y sus tradiciones es la de San Mateo. En las calles, se ven muy pocas mujeres con ropa moderna, se visten como sus vecinas zapotecas del Istmo: una falda ancha y larga de colores vivos y un huipil de tela bordada a máquina.

El centro actual de San Mateo del Mar está conformado por la iglesia, la presidencia municipal -eran hasta recientemente los únicos edificios de más de un piso en el pueblo- y una plaza donde tiene lugar el mercado. En las esquinas de las calles del centro, pequeños edificios de ladrillo albergan cruces a las que se festejan el 3 de mayo. Ningún árbol protege a las calles polvorientas del sol, todos parecen haberse refugiado detrás de las vallas de palma o de los muros de ladrillos que delimitan los "nden", las viviendas tradicionales de los huaves.

Los "nden" están conformados por patios grandes con varias cabañas de palma o de ladrillos que se usan como habitaciones una de las cuales alberga el altar familiar. Unas enramadas protegen del sol la cocina, el lavadero, los espacios de juego de los niños y de convivencia de los miembros de la familia; a la sombra de las enramadas, se cuelga una hamaca, se reciben visitas y se celebran fiestas y ceremonias familiares. Cuando existe pozo en el "nden", su agua está aprovechada para cultivar flores y hierbas aromáticas, en particular la albahaca, una planta que los huaves utilizan en todas sus ceremonias religiosas.

El clima en San Mateo es extremoso, las lluvias escasas y concentradas en unos meses, la tierra arenosa poco propicia a la ganadería o la agricultura. La supervivencia de los huaves depende de la pesca -una actividad a la cual se dedicaban hasta hace poco la mayoría de los hombres y que se realizaba exclusivamente en las aguas tranquilas de las lagunas-. Los huaves pescan en general de noche, los pescadores más ancianos en las aguas poco profundas de las riberas, los demás en zonas de pesca más alejadas que alcanzan con lanchas de fibra de vidrio o cayucos tradicionales de vela. Al anochecer, las luces de las lámparas de cientos de pescadores reflejándose en las aguas de las lagunas crean la ilusión de una gran ciudad flotante. Las mujeres por su parte se dedican a la venta del producto de la pesca. Sus palanganas de peltre repletas de pescado salado y camarón cocido las identifican en todos los mercados del Istmo.

La abundancia de la pesca está ligada al estado de las lagunas: una salinidad excesiva impide la reproducción del camarón y un nivel demasiado bajo provoca una gran mortandad de peces. Desde que las aguas del río Tehuantepec que las alimentaban durante la época de sequía están siendo retenidas en la presa Benito Juárez, la supervivencia de las lagunas depende por completo de las lluvias, que caen escasa y irregularmente. En el Istmo, una corta estación de lluvias (mayo-septiembre) y de viento del sur -durante la cual se reproduce y crece el camarón- se inmiscuye en medio de una larga estación seca y de viento del norte.

Los huaves han construído sobre esta variación climática su representación del mundo, asociando lo masculino con el norte, el viento del norte y la sequía, y lo femenino con el sur, el viento del sur y las lluvias. Los hombres ocupan la parte norte de la nave de la iglesia, frente a la imagen de San Mateo, y están sepultados del lado norte del cementerio. La parte sur de la nave de la iglesia, frente a la Virgen de la Candelaria, está reservada a las mujeres quienes están sepultadas en el sur del cementerio, del lado del mar. En las casas existen espacios reservados a los hombres y otros a las mujeres. El altar familiar está adosado en la pared norte de una habitación, la cruz y los santos mirando hacia el mar. Una serie de tabús y prohibiciones completa esta distribución del espacio entre los géneros: las mujeres no pueden participar en la pesca ni aproximarse a las redes, ni los hombres a los telares de las mujeres.

El calendario ritual huave tiene como propósito propiciar una alternancia estable de las estaciones y evitar la llegada de ciclones o lluvias excesivas que inundarían el pueblo. La primera fiesta del calendario -y la más concurrida- es la Candelaria el 2 de febrero. Se celebran misas todo el día en una iglesia repleta de gente de todo el Istmo, en medio del fuerte olor que desprenden los ramos de albahaca depositados a los pies de la imagen de la Virgen. Esta celebración marca el principio del calendario ritual y de las peticiones de lluvias, y el fin de la cosecha de camarón.

Durante los meses que siguen y hasta Corpus Christi, los alcaldes van a realizar peticiones destinadas a propiciar la llegada de las lluvias. Los huaves consideran que esas peticiones forman parte del trabajo ordinario del cabildo y culpan a éste si se prolonga la sequía. Cuenta Signorini: “un día de lluvia, el 16 de agosto, salvó a los alcaldes de la humillación de ser destituidos de sus cargos(1)”.

La fiesta de Corpus Christi, se encuentra “a mitad de camino entre una celebración femenina y una masculina(2)”. Durante la danza que se ejecuta en esta ocasión, el rayo corta simbólicamente la cabeza de la serpiente, dando paso a la época de lluvia y protegiendo el pueblo de los ciclones y de las inundaciones -representados por la serpiente-. Tambores y carapachos de tortuga batidos con astas de venado marcan el ritmo de esta pausada danza ceremonial. El ciclo ritual termina con la fiesta de San Mateo el 19 de septiembre, cerrando la época de lluvias y anunciando la cosecha de camarones.

Aunque los huaves estén designados también como mareños, parecen vivir dando la espalda al mar. Incluso en la estación seca cuando se puede acceder a la playa caminando -en época de lluvias, una laguna la separa del pueblo- se encuentra siempre desierta. Esta actitud refleja más temor o respecto que indiferencia: “La mar es Dios, es sagrada; quien entra a la mar entra en sagrado como si fuera a la iglesia…. No se entra a la mar solamente por entrar, sólo para la pesca; las mujeres no entran a la mar más que cuando buscan caracol para teñir su hilo…(3)”.
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La ambivalencia del pensamiento de los huaves respecto al mar aparece en las leyendas que corren en el pueblo respecto a las campanas de la iglesia. Una afirma que aparecieron en la playa, arrojadas por el mar. Otra que una gran ola impidió a los habitantes de Juchitán recuperar las campanas que los huaves les habían robado. Otra más que el mar se arrepintió luego y quiso devolver las campanas a los juchitecos, pero que no pudo derribar el campanario de San Mateo. El hecho es que el campanario está siempre resguardado y que las campanas se encuentran muy sólidamente amarradas a las vigas de madera que las soportan mediante varias capas de cuerdas y un complejo conjunto de nudos marinos.

Los huaves, pueblo del agua y no del maíz, han hecho del mar, de las lagunas y de la lluvia, los elementos centrales de su mitología. Serpientes, lagartos y tortugas, animales asociados a este elemento, ocupan también un espacio importante en su imaginario. El pueblo huave debe su supervivencia a la observación y al profundo conocimiento de la naturaleza que los rodea, de las nubes, de las constelaciones, de las fases de la luna, del viento y del flujo de las mareas. Es un ejemplo de adaptación exitosa del hombre a un medio ambiente particularmente hostil.

Una visita a San Mateo no se justifica solamente para conocer el pueblo y sus tradiciones, sino también para descubrir los paisajes del Istmo. No son paisajes amables, acogedores, “fáciles” sino abstractos, austeros, singulares. La vista se pierde en estos espacios vacíos y planos sin más límites que la línea del horizonte, hasta que encuentre algo en que fijarse: una vela blanca deslizándose en la laguna, la falda roja de una mujer a lo lejos o una fragata negra luchando contra el viento.

El modo tradicional de vida y las creencias se han conservado hasta ahora en San Mateo, pero el pueblo está experimentando cambios acelerados. La población se ha duplicado en 20 años, asegurando la supervivencia del idioma huave pero planteando problemas económicos agudos. La falta de agua en las lagunas favorece el avance de las dunas y la desertificación progresiva del territorio. La sobreexplotación provocó una fuerte baja de la pesca. Unos pescadores se han reconvertido en ganaderos o agricultores, y la presión sobre las tierras disponibles desencadena tensiones con los pueblos vecinos, Huilotepec y Santa María del Mar. Otros han emigrado a la capital del Estado o van a trabajar por estaciones en Estados Unidos. Otros más empiezan a dirigir sus miradas hacia el mar: unas embarcaciones de fibra de vidrio equipadas de potentes motores han hecho su aparición en la playa, así como una nueva técnica de pesca: se amarra un papalote hecho de costal y carrizos a la extremidad de una red y se suelta en el viento del norte que la arrastra mar adentro.

Uno no puede dejar de interrogarse sobre el futuro de San Mateo. Obviamente depende de sus habitantes y de su facultad de adaptación al mundo exterior. Pero también, y más que en ningún otro lugar, del restablecimiento del equilibrio entre el hombre y la naturaleza. Quizás el rayo de la danza ritual de Corpus Christi tendrá en un futuro no muy lejano que cortar la cabeza de otro personaje: el cambio climático.

Cómo llegar:
- En carro particular: En la carretera entre Tehuantepec a Salina Cruz, buscar y seguir los letreros “Refinería” - “Huilotepec”. En Huilotepec, otro letrero señala la dirección “San Mateo del Mar” a la derecha.

Distancia entre la refinería y San Mateo: 27 Km. La carretera está totalmente asfaltada hasta San Mateo. Después y hasta Santa María del Mar, es de terracería.

Actualmente (junio de 2010), por un conflicto agrario entre San Mateo y Santa María, la carretera entre los dos pueblos está cortada. El acceso terrestre a Santa María es imposible, el único acceso es por lancha, vía Juchitán.

- En transporte colectivo: Hay corridas todo el día entre San Mateo del Mar y Salina Cruz y de ahí para Tehuantepec, Oaxaca y los pueblos del Istmo.

Dónde dormir y comer:
Existen pequeños restaurantes en San Mateo del Mar. También se puede comer en el mercado para probar los platillos locales: tamales de camarones, mole amarillo de pescado o guetabinguis (empanaditas de masa horneadas con achiote y camarón).

Hoteles: en Salina Cruz y Tehuantepec.

Datos útiles: Las mujeres dedican todavía una parte de su tiempo a la elaboración de servilletas con el tradicional telar de cintura. Los motivos representados son tortugas, peces, maíz, pescadores con sus redes y sus barcos. El tradicional caracol púrpura -difícil de conseguir y costoso- ha sido reemplazado por colorantes artificiales.

Una tejedora ha hecho de esta actividad un oficio de pleno tiempo. Francisca Palafox crea con su telar de cintura delicados rebozos y transparentes huipiles en los cuales representa con suma habilidad la vida de su pueblo: fiestas, gente y animales. Dibuja con tinta de caracol, sobre trama blanca, marfil o negra.

Francisca Palafox. Calle 5 de Mayo # 2. Primera sección. San Mateo del Mar. Tel: 01 (971) 522 00 93.

(1) Italo Signorini. Los huaves de San Mateo del Mar.
(2) Saúl Millán. Los huaves.
(3) Elisa Castañeda Rámirez. El fin de los montiocs. Tradición oral de los huaves de San Mateo del Mar.

Referencias Bibliográficas:
- Los huaves de San Mateo del Mar. Italo Signorini. INI. 1979

- Los pueblos del viento, crónica de mareños. Texto José Manuel Pintado, fotografía Pablo Ortiz Monasterio. INI. 1981.

- Procesos adaptativos y sistemas de poder en una comunidad de pescadores: San Mateo del Mar, Oaxaca. Ezequiel Zárate Toledo. Tesis ENAH. 1982.

- El fin de los montiocs. Tradición oral de los huaves de San Mateo del Mar. Elisa Castañeda Rámirez. INAH. 1987.

- Lagunas del tiempo: representaciones del agua entre los huaves del Istmo de Tehuantepec. Saúl Millán y Paola García Souza. INAH. 2002.

- Huaves. Saúl Millán. CDI y PNUD. 2003.

- El cuerpo de las nube. Jerarquía y simbolismo ritual en la cosmovisión de un pueblo huave. Saúl Millán. INAH. 2007.

Referencias:
Secretaría de Turísmo de Oaxaca.
Enciclopedia de los Municipios de México - San Mateo del Mar.

Texto Anne Bonnefoy
Fotografía Anne Bonnefoy

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Última actualización de información: Julio 2011

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