Sin duda San Cristóbal de Las Casas se ha convertido en el punto de reunión y partida de viajeros de todo el mundo para conocer parte del mundo Maya y del estado de Chiapas, desde lugares cercanos como son San Juan Chamula, Zinacantán y el Cañón del Sumidero, a lugares más distantes como las Lagunas de Montebello, El Chiflón, las cascadas de Agua Azul, Agua Clara, Misol-Ha, hasta la zona arqueológica de Palenque.
Pero son pocos los viajeros que dedican unos días para conocer el San Cristóbal en sí, con su tradición artesanal colonial y contemporánea. El recorrer sus barrios y calles o visitar sus áreas naturales las cuales son de gran importancia para la región. San Cristóbal de las Casas obtuvo el nominativo de Pueblo Mágico en el 2003. Pero no son por los andadores o corredores turísticos -con tiendas y restaurantes de tipo gourmet-, ni por las fachadas y calles reconstruidas al estilo parque temático lo que hacen que un pueblo se considere "mágico". Es por su historia, tradiciones, festividades y sus expresiones culturales, entre muchas otras cosas, -únicas de cada lugar- lo que hacen que un lugar se considere “mágico”. En San Cristóbal todavía podemos encontrar algunas de estas expresiones culturales que poco a poco son olvidadas.
Saliendo a recorrer y explorar sus calles -fuera de los corredores turísticos y si se tiene la suficiente curiosidad- se podrán notar una gran variedad de cruces, -algunas de madera pero sobre todo de hierro- en la parte más alta de los techos de teja de las casas. Son las cruces de hierro forjado de San Cristóbal de Las Casas, tradición que data desde los orígenes de la ciudad y nos cuentan el sincretismo cultural y religioso del lugar. Estas cruces se pueden ver en casi toda la ciudad, pero sobre todo, es en el barrio de El Cerrillo donde por tradición se han forjado. Este barrio se ubica en una loma junto al Convento de Santo Domingo. Las cruces se colocan en la parte más alta de la casa al mismo tiempo que la ultima teja, esto como símbolo de protección para la casa y la familia que la habita. Pero para entender un poco más del significado de estas cruces hay que retroceder un poco en la historia de San Cristóbal.
Al formarse la ciudad las diferentes órdenes religiosas se repartieron los barrios de la ciudad y fue la orden de los Dominicos los encargados de evangelizar al barrio de El Cerrillo que se caracterizaba por su diversidad de familias de origen étnico, -Tzotziles, Tzeltales, Zoques, Mestizos y una que otra Español- fue a ellos que los Dominicos les enseñaron el trabajo artesanal del hierro forjado y el de las cruces franciscanas. En el siglo XVI los franciscanos hicieron una nueva representación de la cruz al suprimir el cuerpo de Cristo a sus cruces de madera y piedra, por los símbolos de la pasión, esto con el objetivo de evitar la reinterpretación prehispánica del sacrificio humano
(1).
Los elementos más comunes que conforman las cruces son: el gallo, la balanza, la lanza, un corazón, la corona, una escalera, el sol y la luna, la flor de lis, la serpiente. No obstante la variedad de las cruces que se ofrecen comercialmente en las tiendas de artesanías -sobre todo, las que están en la calle Real de Guadalupe- no es muy amplia ya que se han reducido a unos cuantos modelos repetitivos, sin embargo, en las tejas de las casas y con un poco de perseverancia se pueden ver varios e interesantes diseños. Esta tradición se ha estado perdiendo poco a poco entre los artesanos y las familias a pesar de que fue una de las características más representativas de San Cristóbal durante la colonia, así que es muy gratificante el encontrar todavía a algunos artesanos como Abelardo Cruz y Dorian -del taller La Fragua del Cerrillo- que conservan la elaboración de esta tradición.
Si no se tiene la condición física para recorrer gran parte de San Cristóbal buscando estas cruces, se puede visitar el Museo de
Na Bolom -ubicado en el mismo barrio- el cual tiene una importante colección de estas interesantes cruces que desde los años cincuenta el arqueólogo danés Frans Bolom la comenzó con la idea de rescatar y no olvidar este trabajo artesanal único de San Cristóbal. Frans Bolom junto con su esposa, la fotógrafa de origen suizo Gertrude Duby, dedicaron gran parte de su vida al estudio y rescate de la cultura lacandona. Este centro cultural es otra buena opción para conocer un poco más de la cultura y tradición de la zona así como de la vida de esta interesante pareja.
Al seguir caminando por los barrios de San Cristóbal y un poco más retirado del barrio de El Cerrillo se encuentra el
Taller de Los Leñateros, una editorial operada por artistas mayas contemporáneos donde se hacen libros de materiales naturales y reciclados. Esta editorial busca documentar, enaltecer y difundir los valores culturales amerindios y populares como el canto, al literatura, las artes plásticas y la tradición mesoamericana del códice pintado. Algunos de sus libros han sido presentados en varias partes del mundo y dos de ellos están catalogados dentro de los cien libros más bonitos del mundo. Se puede entrar al taller para conocer su elaboración y de paso comprar alguno.
También otro lugar interesante de conocer pero un poco más retirado del barrio y como a diez minutos del Centro Histórico de San Cristóbal, es la Reserva Ecológica de Moxviquil, una área protegida de 97 hectáreas de bosques de encino y fauna local, -alguna endémica y en peligro de extinción-. En el Centro de Formación para la Sustentabilidad Moxviquil organizado por la Asociación de
Pronatura Sur se da toda la información sobre la reserva así como los paseos guiados.
Este centro cuenta con un orquidario con más de 500 especies de la región. Se ofrecen campamentos y recorridos en sus senderos interpretativos para la observación de aves tanto regionales como migratorias y al igual que en la reserva del volcán Huitepec, se busca educar al visitante sobre la relevancia que tienen los bosques de la región central de los Altos de Chiapas que rodean a San Cristóbal.