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Zapata

El General Emiliano Zapata Salazar y las tres haciendas. Tenextepango, Cuahuixtla,
del Hospital.

(Estado de Morelos)

En el mapa del Estado de Morelos del año de 1910, se nota al sur de Cuautla una pequeña mancha en forma de lagartija en el punto de encuentro de los linderos de tres haciendas, la hacienda de Cuahuixtla, la hacienda del Hospital y la hacienda de Tenextepango: corresponde al pequeño pueblo de San Miguel Anenecuilco y a su vecino, el pueblo de Villa de Ayala. En el mapa de 1921, la lagartija sigue en su lugar, pero las tierras de las tres haciendas que la rodean han sido divididas entre numerosos ejidos. Entre las dos fechas, una Revolución encabezada por un cierto Emiliano Zapata Salazar que empezó con una pelea entre la Hacienda del Hospital y el pueblo de Anenecuilco por unas tierras de cultivo. El pueblo tendría que esperar hasta 1935 para recibir del Presidente Lázaro Cárdenas la confirmación de sus derechos sobre las tierras ejidales que reclamaba, pero ya en 1921, las tres haciendas, desposeídas de sus tierras, estaban condenadas a desaparecer tanto como centros políticos como entidades económicas.

Las rebeliones campesinas, constantes en la historia de la Nueva España, se agudizaron al final del siglo XIX en el Estado de Morelos cuando los dueños de las haciendas decidieron aumentar la productividad de sus cañaverales para enfrentar la competencia de otros estados azucareros, y colocar su producción a un precio competitivo en el mercado internacional.
Hicieron inversiones importantes, tanto al nivel de infraestructuras como de maquinarias, tratando de “transformar al Estado de Morelos en La Hacienda Perfecta”(1), para lo cual necesitaban más tierras y más agua para rentabilizar sus inversiones. Después de comprar o de hacerse de todas las tierras disponibles, echaron el ojo a las tierras comunales de los pueblos y lograron su propósito de quitárselas en más de una ocasión: entre 1876 y 1900, desaparecieron en Morelos 18 pueblos -de 125- que sus habitantes, expulsados de sus tierras, tuvieron que abandonar para ir en busca de otros medios de subsistencia(2).

En Anenecuilco, la situación que ya era difícil se puso crítica en 1910 cuando el dueño de la Hacienda del Hospital impidió a los habitantes del pueblo cultivar las tierras del Huájar, de las cuales ellos sacaban una buena parte de sus cosechas; peor aún, el administrador de la hacienda alquiló estas tierras al pueblo vecino de Villa de Ayala. “El pueblo de Anenecuilco se encontró en un abrir y cerrar de ojos con los cañaverales hasta las orillas de sus caseríos…. cercado por una alambrada de tres hilos que no daba ni por dónde salir(3)”. Fue entonces que el Presidente de la Junta de Defensa de las Tierras de San Miguel Anenecuilco, Emiliano Zapata Salazar, echó los agricultores de Villa de Ayala de las tierras del Huájar; poco tiempo después, encabezaría la Revolución del Sur.

El nombre de Zapata es indisociable del Estado de Morelos donde nació en 1879 y donde fue asesinado en 1919 y del cual se alejó en escasas ocasiones. Todos los pueblos del Estado guardan la memoria de algún episodio de la vida del General Emiliano Zapata: en algunos libró una batalla, en otros se reunía con sus hombres en una cantina, en todos reclutó jóvenes que se juntaron a su ejército y muchos de sus generales. Hoy en día, cada pueblo morelense tiene un jardín con un busto dorado de Zapata, calles con su nombre o escuelas, mercados, sitios de taxis y comercios; su figura o su rostro aparecen en todas partes. Pero los tres pueblos que más huellas conservan de Emiliano Zapata son Anenecuilco, Tlaltizapán, y Chinameca.

La mayoría de los pueblos morelenses nacieron en la época de la Colonia y crecieron alrededor de las haciendas, no es el caso de Anenecuilco que tiene raíces prehispánicas: su glifo -“donde el agua da vueltas”, referencia probable a los numerosos apantles que recorren el valle al pié del pueblo- aparece en el Código Mendocino con otros pueblos que pagaban tributo a los Aztecas. En Anenecuilco se enseñan, protegidas por un toldo, las ruinas de la casa de adobe donde se afirma que nació Emiliano Zapata y un pequeño museo donde se exhiben algunos objetos personales o de su familia. No muy lejos, la diminuta iglesia de San Miguel Arcángel fundada por los franciscanos en 1570 conserva un Cristo del cual se dice que Zapata era muy devoto. En el atrio, frente a la puerta de acceso al templo, están enterrados varios miembros de su familia, una de las familias importantes del pueblo. Desde Anenecuilco, un camino de terracería conduce en pocos kilómetros a las tierras del Huájar y a las ruinas de la tienda de raya de la Hacienda del Hospital.

Es un edificio largo de un solo piso con gruesas paredes sostenidas por contrafuertes. En su centro, se encontraba la campana que se tocaba para llamar a los trabajadores de los cañaverales. Fue atacado en 1910 por Zapata cuando sacó a la fuerza los cultivadores de Villa de Ayala de los campos del Huájar. A unos kilómetros de la tienda de raya, quedan dos túneles, vestigios de la vía del tren de vía angosta que transportaba la caña de azúcar entre los cañaverales y la Hacienda del Hospital.

Tlaltizapán fue escogido por Zapata por su situación estratégica en 1914. Allí estableció su cuartel en un antiguo molino de arroz -en el patio se conserva todavía la rueda del molino que era movida por agua- que alberga hoy un pequeño museo. Allí nacieron dos hijos suyos y allí pensaba seguramente pasar el resto de su vida ya que mandó construir un mausoleo que sería su tumba y la de sus generales en el atrio de la iglesia San Miguel. Varios de ellos están enterrados en este monumento en forma de pirámide, pero los restos de Zapata descansan en Cuautla. En la plaza principal de Tlaltizapán, los magníficos laureles de Castilla conservan el recuerdo de Otilio E. Montaño, que fue fusilado en este lugar en 1917.

Al sureste de Tlaltizapán, en la hacienda de San Juan Chinameca, Zapata cayó en la emboscada tendida por el Coronel Guajardo el 10 de abril de 1919. En el portón de la hacienda y las paredes vecinas se aprecian numerosos impactos de bala, testigos de la dura batalla que se libró en este lugar. El casco de la hacienda -tiene fecha de 1906- se terminaba de construir cuando estalló la Revolución. Hoy, el estado de abandono del lugar y su melancolía le confieren cierta grandeza. Desde la loma que domina el pueblo, en el lugar conocido como “Piedra Encimada”, se tiene una bonita vista sobre la hacienda y los cañaverales que la rodean. En este lugar, estuvieron acampando Zapata y sus hombres antes de tomar la decisión funesta de reunirse con Guajardo.

Otra etapa para quien sigue las huellas de Zapata es Quilamula, un pequeño pueblo cerca de la frontera con el Estado de Guerrero, donde existe una casa de piedra que, según la tradición, el General mandó construir por una de sus novias. Y por fin Cuautla, con su Palacio Municipal que sobrevivió al incendio de 1911 provocado por las fuerzas zapatistas. En 1919, se expuso el cuerpo de Zapata traído de Chinameca en el zaguán del edificio. Su tumba, señalada por una alta estatua de bronce, se encuentra en un parque a dos cuadras del Zócalo frente a la iglesia de la Salud. Fuera de los centros urbanos, en un Estado que no ha cambiado mucho desde el principio del siglo pasado, no resulta difícil imaginar la pequeña tropa a caballo con Zapata a su cabeza perfilándose en lo alto de las lomas o deslizándose entre los cañaverales.
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En 1910, todos los pueblos del estado de Morelos estaban envueltos en una disputa legal con una hacienda vecina. Cuando estalló la Revolución, los exasperados habitantes de los pueblos no se limitaron a recuperar las tierras que éstas les habían quitado, ni a compartirse las demás, sino que en muchos casos los cascos de las haciendas fueron invadidos y saqueados, al igual que los castillos franceses en 1789 o las iglesias rusas en 1917. Otros desaparecieron cuando sus dueños, sin los ingresos de las tierras que permitían mantenerlas, los abandonaron. Como todas las haciendas de Morelos, las tres haciendas vecinas de Anenecuilco conocieron días difíciles.

Al momento de la Revolución, la Hacienda de Santiago Tenextepango pertenecía a Ignacio de la Torre y Mier, el yerno controvertido de Porfirio Díaz. Era la más extensa (más de 15 000 hectáreas) y la más productiva del Estado.
De La Torre fue encarcelado poco después del estallido de la Revolución; cuando pudo escapar, se exilió en Estados Unidos donde murió. El pueblo de Tenextepango se construyó alrededor del casco de la hacienda. Hoy en día, sus casas tapan las ruinas del edificio, al parecer divididas entre el pueblo y un propietario privado.

La hacienda de San Antonio Cuahuixtla, fundada en 1597, pertenecía a Manuel Araoz. Por la altura de sus muros y la majestad del conjunto de edificios que componía el casco, era conocida como “la catedral del azúcar”. El proceso de extensión de sus tierras fue continuo desde la época colonial: todavía en 1887, la hacienda se apoderó de un barrio de Anenecuilco -el barrio de Olaque- destruyó las casas y una capilla para sembrar caña.
Después de la Revolución, el casco fue invadido y destruido. Hoy en día, quedan unas ruinas de una gran belleza, escalonadas en un terreno en fuerte desnivel: el ingenio se encuentra abajo y corresponde a la última etapa de construcción una reja lleva la fecha de 1895; más arriba está la Casa Grande y finalmente la calpanería. Frente a la Casa Grande, un enorme chacuaco vigila las ruinas de la tienda de raya. Hace poco, la hacienda -que se pelean un propietario privado y los ejidatarios del pueblo de San Juan Apatlaco- fue escogida como escenario para una película sobre Emiliano Zapata.

La Hacienda del Hospital, fundada por la orden de los Hipólitos en 1607, pertenecía a Vicente Alonso Simón -también dueño de otras haciendas, Chinameca entre otras- que murió poco antes de la Revolución. De las tres haciendas, era la más cercana al pueblo de Anenecuilco, a unos kilómetros al norte del pueblo. Los antiguos pleitos entre el pueblo y la Hacienda -con sus 12,000 hectáreas de tierra de caña de azúcar- culminaron con la pelea por las tierras del Huájar, la cual desencadenó la Revolución.

El casco de la Hacienda del Hospital es el único de los tres que se conservó. Se aprecia el enorme chacuaco y el acueducto. Se han conservado también la casa grande y la capilla original. Hace unos años, albergó una fabrica de pigmentos que, afirman sus vecinos, contaminó no solamente los edificios de la hacienda sino también sus afueras. Sea cierto o no, la hacienda se esconde detrás de sus altos muros -su portón de entrada lleva hoy el nombre de La Concepción- y sus relaciones con el vecindario no han mejorado en nada desde los tiempos de Zapata.

A pocos años de la muerte de Zapata, la Revolución del Sur se volvió leyenda en México y su jefe quedó en la historia mundial como el líder agrario revolucionario ideal. Más recientemente, los bigotes del General Zapata pasaron a ser parte, como la sonrisa de la Mona Lisa y el lunar del Presidente Mao, del catalogo de imágenes globalizadas. Sin embargo, a dos horas de la ciudad de México, es posible descubrir detrás de la leyenda simplificadora, detrás de la historia oficial, incluso detrás del personaje histórico, el hombre que fue realmente Zapata: un defensor de los derechos de su pueblo quien siempre afirmó “Todo lo que nosotros queremos es que nos devuelven nuestras tierras(4)”.

Cómo llegar:
En carro particular: Cuautla se encuentra a hora y media de la ciudad de México, por la autopista de Acapulco.
En transporte colectivo: Desde la central camionera, salen camiones -OCC o Pullman de Morelos- cada 10 minutos para Cuautla (1 hora 40 minutos). En Cuautla, hay combis para Anenecuilco (15 minutos).

Dónde comer y dormir:
En Cuautla, existen hoteles de todos precios. También es posible albergarse en uno de los varios balnearios de los alrededores de Cuautla.

- En Moyotepec (10 kilómetros de Anenecuilco en dirección a San Juan Chinameca o Tlaltizapán), hay dos restaurantes que sirven deliciosos tamales de pescado: “La Curva” y “La Pinga”.

- En Tlaltizapán: Restaurante “La Arboleda”. Paso del Campesino No. 1 Centro.

- Cerca de Ticuman: Restaurante campestre “Panzacola”. Km 1.5, carretera Ticuman-Yautepec.

Cómo visitar las tres haciendas:
La única hacienda que se puede visitar es la de Cuahuixtla. Está abierta al público los sábados y domingos.

Lugares de México agradece al Historiador Edgar C. Zapata, bisnieto del General Emiliano Zapata, por la información que ha permitido la elaboración de este artículo.

(1) John Womack. Zapata y la Revolución Mexicana, página 53
(2) Id, página 44
(3) Alicia Hernández Chávez. Anenecuilco, Memoria y Vida de un Pueblo.
(4) Entrevista Madero-Zapata. 7de junio de 1911.

Bibliografía:
- Raíz y razón de Zapata. Jesús Sotelo Inclán.
-Zapata y la Revolución Mexicana. John Womack
-Breve historia de Morelos. Alicia Hernández Chávez.
-Anenecuilco, Memoria y Vida de un Pueblo. Alicia Hernández Chávez.
-Anenecuilco desconocido. Lucino Luna Domínguez y Efraín Escarpulli Limón.
-Las Rebeliones Campesinas en México (1819-1906). Leticia Reina.

Referencias:

Secretaría de turismo de Morelos.
Bicentenario de la Independencia de México y Centenario de la Revolución Mexicana.
Maxence Ambroise Pagnoud.
Enciclopedia de los Municipios de México. Ayala.
Enciclopedia de los Municipios de México. Tlaltizapan.


Texto Anne Bonnefoy
Fotografía Anne Bonnefoy

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Última actualización de información: Novimbre 2008

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