Lugares de Mexico
 
 


San Luis Potosi

Exorcismos de cartón:
La tradición de la quema de los judas.

(Ciudad de México, Celaya Estado de Guanajuato)

Don Leonardo enciende la mecha de un primer judas, el judas-diablo empieza a girar rabiosamente alrededor de la cuerda que lo sostiene antes de estallar en mil pedazos en medio de un humo espeso. Es sábado de Gloria, está anocheciendo, detrás del mercado de Sonora donde se encuentra su taller, la familia Linares está iniciando su quema de los judas, una costumbre que resulta del encuentro entre tres tradiciones bien distintas, la quema del Judas, la cartonería y la pirotecnia.

La quema del Judas, tradición ya documentada en el medioevo europeo, cruzó el Atlántico en los barcos portugueses y españoles. A su llegada a la Nueva España, fue aprovechada por la Iglesia para catequizar a los indígenas: la quema del Judas simbolizando el Mal se agregó al repertorio del teatro religioso, al lado de las Pastorelas, las fiestas de Moros y Cristianos o las representaciones de la Pasión de Cristo.

Más tarde, la tradición se enriqueció con el surgimiento de la cartonería. Al parecer, los judas no eran hasta entonces más que muñecos de trapos o de paja. Cuando se abrieron las primeras fabricas de papel y de cartón en México, los artesanos de Celaya y de la Ciudad de México aprovecharon el nuevo material para fabricar juguetes (muñecas - las famosas “monas Celaya”, caballitos, sonajas), máscaras, cascos “romanos”, piñatas, toritos, y también los judas hechos de carrizo y cartón que conocemos hoy.

La tercera tradición que dio origen a la quema tal como la conocemos hoy es la pirotecnia. Originaria de China, el uso de la pólvora con fines festivos se popularizo en México a tal punto que no es una exageración decir que no hay fiesta sin cohetes. Los judas de trapo o de paja se quemaban, pero los resistentes judas de cartón se “encohetan” para tronar, expulsando y exorcizando al mal, la traición, la corrupción o la muerte.

Después de la Independencia, la quema de los judas perdió su carácter religioso para transformarse en fiesta popular: “Pulque curado a mares, cucuruchos, diademas, matracas, banderitas caladas, aserrín multicolor, fritangas, varitas de tejocote, cacahuates, paletas heladas, mil cosas… Y hasta una docena de judas monumentales, en línea, recargados en el muro color rosa marquesote esperando su turno(1)”. Los judas se colgaban de reatas tendidas entre los balcones de la ciudad y se tronaban “a la hora en que abre la Gloria” en la mañana del Sábado Santo en medio del estruendo de las matracas. Los comerciantes quemaban unos judas personificando la avaricia, los cuales al explotar, soltaban panes, embutidos o golosinas que se peleaban los espectadores. Y la fiesta seguía en las pulquerías con más judas y mucho pulque.

El judas tradicional es un diablo, pero los juderos acostumbraron a representar bajo la forma de judas a los que el pueblo consideraba como sus enemigos. Ricos, imperialistas, gobernantes y revolucionarios, pocas figuras públicas escaparon a la sátira popular. En el siglo XX, unos juderos se volvieron famosos, entre otros Doña Carmen Caballero Sevilla, la “judera particular” de Diego Rivera cuyas figuras se pueden apreciar hasta el día de hoy en el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo en San Ángel o Don Pedro Linares López, “Don Chano”.

Don Chano pertenecía a una familia de chinamperos de apellido Chocolpa del barrio de San Francisco Caltongo en Xochimilco. Un miembro de la familia, acusado de un robo, fue desterrado y encarcelado en la Provincia de Linares a finales del siglo XVIII. Su inocencia reconocida, regresó a la ciudad de México donde se le quedó el apellido Linares. Un siglo más tarde, Don José Dolores Linares, curandero y cartonero, se mudó cerca de lo que es hoy el Mercado de Sonora. Uno de sus descendientes fue Don Chano, cuyos hijos y nietos, entre los cuales Leonardo Linares Vargas, perpetúan la tradición familiar.

Durante la Cuaresma, la familia Linares se dedica a fabricar judas de todo tamaño. Los pequeños judas, unos diablitos rojos, cornudos y alados, de sonrisa pícara, se hacen con papel -o pasta de papel- “enatolado” o sea, humedecido con un engrudo de harina de maíz disuelta en agua caliente. Capas de papel o pasta se aplican sobre un molde de yeso o de barro untado con cebo hasta lograr la espesura deseada. El “casco” que se obtiene se deja secar al sol y se recorta con una hoja. Se vuelven a unir las dos partes del “casco” y se pinta. Hoy, estos judas no les gustan más a los niños ya que no traen su cohete amarrado en la espalda pero han encontrado otra clientela en los coleccionistas de arte popular.

Para fabricar los judas gigantes -unos alcanzan cerca de 5 metros- se arman unas estructuras de carrizo para formar el cuerpo y las piernas del judas, sobre las cuales se pegan varias capas de papel periódico “enatolado”. Los armazones recubiertos de papel se dejan secar y se pintan. Los brazos se fabrican por separado así como la cabeza, el trabajo más difícil. Se les amarran cohetes por todo el cuerpo, en particular en las extremidades, conectados por medio de metros de mechas. Los judas son en general figuras masculinas, grotescas y panzonas, de rasgos caricaturales, representando a quien se repudia o a payasos, calacas, personajes populares, charros o monstruos, no hay reglas ni limites a la imaginación de los juderos. Este año, los Linares, ratificando su afición para lo fantástico, elaboraron un espléndido gato-dragón y una imponente catrina-fantasma.

El Sábado de Gloria, desde temprano, la azotea y el taller de la casa se llenan de miembros de la familia y amigos que vienen a echar la mano a los artesanos. Otros invaden la acera donde trabajan en medio de los curiosos. Unos “enatolan”, otros pintan, los demás “encohetan” los judas con “vueltas”, “silbatos”, “truenos” y “luces de colores” con metros y metros de mechas. La atmósfera es de fiesta: mientras que la televisión difunde una interminable pelea entre una suegra y su nuera, los niños corren de un piso al otro, los adultos intercambian anécdotas, bromas y cohetes. “El Pulque” -el gallo de Don Leonardo- salta aleteando de mesa en mesa, prueba los engrudos, picotea las manchas de las blusas o del piso. Los judas terminados se cuelgan en la fachada de la casa.

Alrededor de las 8 de la noche, la calle está repleta de espectadores. Una “canastilla voladora” que truena alto en el cielo da inicio a la quema. Después del judas-diablo, le toca a un “IETU 17,5 %” más ancho que alto el cual explota en mil pedazos (Haaaaa…), el soplo de la explosión hace retroceder a los primeros rangos de espectadores. Un “San Marcelo” no quiere tronar (Hoooooo…) y se queda tirado en el asfalto de donde presencia la ejecución de sus compañeros: un “raro”, el “gato-dragón”, una catrina, más judas-diablos, un payaso, el “fantasma-catrina”… cerca de 20 judas que truenan uno tras otro. El olor a pólvora aumenta, la gente aplaude y chifla los judas, los niños se esconden detrás de las piernas de los adultos, unos perros cruzan el escenario ladrando. La luz de las explosiones iluminan nubes de algodón de azúcar que terminan enredados en los árboles y en los cables. A las 11, varios montones de carrizo y de papel humean en el asfalto todo lo que queda de un mes de trabajo y de verdaderas obras de arte. La quema, una de las pocas que se llevan todavía a cabo en la ciudad de México, ha sido todo un éxito.
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Los Linares afirman que llevan a cabo año tras año esta quema “para enseñar a las nuevas generaciones esta tradición que se esta perdiendo”. A mitad del siglo pasado, Don Chano empleaba cerca de 300 personas, en general cameros del barrio de San Pablo, para satisfacer a la demanda de judas grandes de la ciudad de México. Hoy en día, la familia Linares solamente fabrica judas sobre pedido.

Las razones de este desafecto son múltiples y se pueden atribuir tanto a la evolución de la sociedad como a razones económicas -resulta costoso fabricar un judas de 5 metros de altura- o políticas. Las autoridades nunca vieron con buen ojo esta celebración que daba lugar a todos tipos de desmanes y que interpretaban correctamente como transgresión social y contestación política. Un edicto del 11 de abril de 1849 prohibe que “a las figuras ridículas que con el nombre de Judas se queman el Sábado de Gloria se pongan letreros con nombres de personas determinadas, ni trajes alusivos a los mismos, bajo la multa de veinticinco pesos o en su defecto ocho días de arresto…”.

En el siglo pasado, se empezó a exigir permisos para llevar a cabo una quema en la vía pública “por razones de seguridad” y se les dificultó mucho a los juderos la compra de cohetes. Aun cuando obtenían los permisos y los cohetes, podían quemar solamente unos villanos “oficiales” tales como Durazo Moreno, ex-presidentes norteamericanos y más tarde Salinas de Gortari. La respuesta popular fue realizar quemas clandestinas de judas “no autorizados”.

Al día de hoy, se mantienen las quemas de judas con fines religiosos en numerosos pueblos y comunidades indígenas (por ejemplo, en Norogachi, donde el judas del Sábado de Gloria es representado por el “chabochi” -el mestizo-); y es cada vez más frecuente que los responsables culturales de instituciones o municipios organicen una quema de judas entre otras manifestaciones folclóricas para Semana Santa.

Pero van disminuyendo de un año a otro el número de quemas con el espíritu de burla y de critica social y política que prevaleció durante el siglo XIX. En el DF, apenas se mantienen en unos pocos barrios populares de la ciudad, tales como Iztapalapa, Xochimilco o Peñón de los Baños. Sin embargo, es alentador constatar que en estos lugares, no se están fosilizando como manifestaciones folclóricas sino evolucionando y adaptándose a los nuevos tiempos.

En Iztapalapa, reanudando con esta tradición, tronaron el año pasado a manera de homenaje unos personajes reconocidos por su trabajo a favor de la comunidad, entre otros el arqueólogo que descubrió la Coyolxauhqui, Raúl Arana, y un vecino que colabora desde muchos años en la organización de la Pasión de Cristo. Y este año les tocó al cura del Santuario de la Cuevita, al arqueólogo Carlos Salas Contreras y al luchador "El Santo".

Judas tradicionales y judas-alebrijes, quema-repudio y quema-homenaje, ejercicio de democracia directa y expresión del sentimiento popular, quizás la quema de los judas no ha dicho su última palabra en la ciudad de México.

Datos de interés:
Don Chano fue el creador de los alebrijes. Recibió en 1990 el Premio Nacional a las Artes y Tradiciones Populares. Los Linares representaron el continente americano en la exposición “Les magiciens de la terre” (Los magos de la tierra) que se organizó en París para festejar el Bicentenario de la Revolución francesa en 1989.

Agradecimientos: Lugares de México agradece a toda la Familia Linares por los magníficos momentos pasados en su compañía durante la preparación de su quema de los judas.

Lugares de México agradece a Smurfit, Cartón y papel de México, SA de CV, en particular al Licenciado Rangel por su ayuda bajo la forma del libro “De cartones”, obra de referencia para todo investigador del mundo de los “artesanos de papel”.

Taller de la familia Linares:
Oriente 30, # 251-7. Col. Merced Balbuena. México, DF. Tel: 01(55)57686311
leonardo_linares631106@hotmail.com

Algunos talleres de cartoneros del Estado de Guanajuato: Taller de Don Carlos Derramadero Vega: Celaya (Estado de Guanajuato): dragonrabi@hotmail.com

Taller Juana Martínez: Calle de Aguascalientes. Barrio de Santa Rita II. Celaya (Estado de Guanajuato).

Taller Marina Lozano García Cortazar: (Estado de Guanajuato) marinacuarzos@yahoo.com.mx

Taller “La Bruja”: Celaya (Estado de Guanajuato) guerrero_jaguar85@hotmail.com

(1) Guillermo Contreras. Monografía de los judas.


Bibliografía:
- Francisco Javier Hernández. El juguete popular en México. Ed. Herrero.

- Víctor Inzúa Canales. El imaginativo mundo de los Linares. ENTS-UNAM.

- Víctor Inzúa Canales. Artesanías de papel y cartón. FONART.

- Guillermo Contreras. Monografía de los judas.

- Carlos Derramadero Vega. Entre judas y calacas. La cartonería, una tradición celayense.

- Susan N. Masuoka. En calavera. The Papier-mâché Art of the Linares Family. UCLA. Fowler Museum of Cultural History.

- Eli Bartra. Mujeres en arte popular. Judas no fue mujer, pero… CONACULTA-UAM.

- Karen Cordero Reiman, Elisa Ramírez Castaneda, Edurne Iruretagoyena Olalde, Alejandra López de Silanes Vales. De cartones. El cartón y el papel en el arte popular mexicano. Ed. Smurfit, Cartón y papel de México, SA de CV.

Referencias:

Secretaría de Turismo de Guanajuato.
Secretaría de Turismo de la Ciudad de México.


Texto Anne Bonnefoy
Fotografía Anne Bonnefoy

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Última actualización de información: Abril 2010

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