Lugares de Mexico
 
 


Olinalá y Temalacatzingo

Los herederos de la tradición de la laca prehispánica
(Estado de Guerrero)

Después de un largo y sinuoso camino, el viajero lo descubre desde la loma de un cerro.
En el fondo de un valle poco profundo, al pié del Cerro Olinaltzin, se extiende el pueblo de Olinalá, meta de su viaje.

Olinalá, ollín-tla-lan en náhuatl o lugar de terremotos según el historiador Gutierre Tibón, se esconde en el corazón de la montaña de Guerrero. Su aislamiento ha sido un factor determinante en la conservación de su patrimonio cultural: la producción de las famosas lacas o maques. En tiempos prehispánicos, las lacas se elaboraban y se usaban en todo el territorio mexicano actual. Hoy en día quedan solamente en todo México tres centros de producción: Chiapas, Michoacán y en Guerrero, Olinalá y Temalacatzingo; existe también un pequeño centro de producción en Acapetlahuaya, al este de Iguala.

La región de Olinalá ha sido habitada desde los tiempos prehispánicos, como lo demuestran las numerosas ruinas que se han encontrado en el municipio. Se le menciona en el Códice Mendocino como tributaria de los aztecas, a quienes entregaba anualmente 40 cántaros de ocre para pintar. De proveedor de tierras y pinturas, Olinalá pasó, en tiempos remotos, a ser un productor de lacas muy reconocido. Era famoso en la época colonial y piezas olinaltecas de este periodo se encuentran hoy tanto en museos mexicanos como en europeos.

A propósito de esto, el Museo Franz Mayer (en la Ciudad de México) cuenta con algunas piezas excepcionales.

Más recientemente, las lacas de Olinalá atrajeron la atención de artistas famosos como el Dr. Atl, y de personalidades como Carlos Espejel, director del Museo de Artes y Tradiciones Populares -actualmente Museo de Arte Popular-. Pero a pesar de su apoyo y del interés nacional e internacional, la decadencia de la producción de Olinalá se aceleró a partir de los años 60. Con la apertura de nuevos caminos, muchos olinaltecos, entre ellos excelentes artesanos, emigraron a Estados Unidos en busca de un mejor sueldo: “Por mucho que nos ennoblezca nuestro arte y nos llenen de orgullo nuestras tradiciones, con eso no se come”.

Mal pagados por su trabajo, muchos de los artesanos que se quedaron reemplazaron los materiales tradicionales por otros más baratos que no garantizaban la calidad del producto: aceite de linaza en lugar de aceite de chía, anilina en lugar de cochinilla, pintura en lugar de pigmentos naturales, o madera de pino en lugar de madera de lináloe.(1)

Como consecuencia de la falta de planeación y de uso desaparecieron las materias primas: No hay más árboles de lináloe ni cochinilla en la región y los guajes deben ser comprados en la Costa Chica.

Hoy en día es posible pensar que esta decadencia ha sido detenida gracias al regreso progresivo al uso las materias primas tradicionales en piezas finas. Entre 1993 y 1994, varios encuentros a nivel nacional de los artistas del maque permitieron rescatar y revitalizar el uso de la técnica y el empleo de los materiales tradicionales. Se estableció en 1994 una denominación de origen para garantizar al comprador la proveniencia, así como la calidad de las piezas. La apertura próxima de una carretera que unirá Olinalá y Puebla en menos de dos horas, pasando por Ixcamilpa, será de gran ayuda para la comercialización de la producción de Olinalá.

Un recorrido a través de este tranquilo pueblo permite descubrir los numerosos talleres de artesanos -la casi totalidad de las familias aún se dedican a esta actividad- y la gran variedad de artículos que producen. Desde máscaras de tigre hasta muebles grandes pasando por biombos, arcones, charolas, jícaras, baules, espejos e infinidad de objetos de uso cotidiano, sin olvidar las famosas cajitas de Olinalá: miniaturas, de a real, peseteras, de tostón o tercia de vara.

Los artesanos explican amablemente a sus visitantes el procedimiento lento y laborioso para obtener la laca o maque: aplicación de aceite de chía sobre la madera de lináloe -únicamente las piezas de madera veteada tienen este olor tan particular a lináloe-, recubrimiento de la pieza con varias capas de tlapezole mezcla de diferentes tierras calcáreas con aceite de chía.
La mezcla se aplica con cola de venado, cada capa se alisa con un bruñidor y se deja secar antes de aplicar la siguiente.

Sobre esta base se hacen dos tipos de decoración. Una con la técnica del “rayado”, en la cual se aplican capas de tlapezole de dos colores diferentes y posteriormente, se remueven con una pluma de guajolote las partes necesarias de la capa superior para mostrar el dibujo previamente hecho con una púa de maguey o de huisache.

Los motivos tradicionales, siempre exuberantes, toman como fuente de inspiración la naturaleza: follajes, flores y animales, con una predilección por el conejo, que aparece según Gutierre Tibón, “en todas las actitudes posibles, agachado, agazapado, brincando hacia arriba, saltando hacia abajo, triscando, retozando, a veces con orejas respetables, pero siempre con una cola inmensa, descomunal, que a menudo alcanza diez veces el tamaño de las orejas”.
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La otra técnica es el “dorado”: decoración a pincel -un pincel finísimo de pelo de gato- con la misma mezcla de aceite y tierras calcáreas, sobre una base de maque. Los motivos realizados con el dorado son flores o paisajes.
El artista Francisco “Chico” Coronel emplea la técnica del dorado sobre una base de hoja de oro o de plata. Sus piezas, suntuosas, tienen motivos muy parecidos a los de las miniaturas persas.


Las piezas se tienen que secar varios días antes de que les se pueda aplicar una última capa de aceite de chía: el resultado es una pieza perfectamente acabada, de colores vivos, y de olor agradable. El rayado es exclusivo de Olinalá, el dorado lo comparte con el pueblo vecino de Temalacatzingo.

Existen otros atractivos turísticos en Olinalá: la iglesia San Francisco de Asís, decorada con paneles de laca y en cuyo atrio se encuentra el único árbol de lináloe del pueblo; y el santuario, con sus arcadas y ventanas góticas, situado en la cima del cerro Olinaltzin. Se trata de un antiguo colegio construido a fines del siglo pasado por iniciativa del obispo Ibarra y González, oriundo del lugar.

El amplio panorama desde el santuario permite apreciar la agitada geografía del Estado de Guerrero, con olas de montañas que se extienden hasta el horizonte. En los alrededores se encuentran el pueblo de Cualac y varias cuevas con pinturas rupestres.

Un buen momento para visitar Olinalá es al principio de octubre para asistir a las fiestas del Santo Patrono del pueblo, San Francisco.
Durante estas fiestas que duran varios días se realizan las tigradas, herencia de la cultura olmeca que floreció en Guerrero hace miles de años. Los tigres y los tecuanis desfilan por las calles del pueblo, algunos llevan al cuello varios collares de flores amarillas con los cuales los espectadores recompensan los mejores disfraces. Durante estas festividades, se lleva a cabo un concurso entre los artesanos del pueblo, lo que permite al visitante conocer las mejores piezas realizadas en el año por los artesanos olinaltecos.

Temalacatzingo
Tras una hora de camino de terracería se alcanza Temalacatzingo, pueblo nahua de maqueadores, edificado en lo alto de una loma larga y que se extiende sobre varios kilómetros.
Allí trabajan otros artesanos que decoran, a partir de pigmentos naturales, piezas diferentes de las de Olinalá: guajes de una rara delicadeza de tonos y de un gran refinamiento de decoración, máscaras, además de extraordinarios juguetes. En la bonita iglesia del siglo XVIII dedicada a Santiago Apóstol, se encuentran aros de piedras provenientes de un cercano juego de pelota.

Ya sea que haya planeado un viaje de compras o de descanso, el visitante se llevará el conocimiento de un arte milenario de México, uno de los más bonitos. Y nunca se le borrará de la memoria el inconfundible olor a lináloe y tlapizole que caracteriza una laca olinaltaca de buena calidad.

Cómo llegar:
-En automóvil particular: La carretera, pasando por Chilpancingo o por Izúcar de Matamoros, se encuentra totalmente asfaltada.

-En transporte público: Del mercado de abastos en Chilpancingo -dos cuadras hacia arriba y una a la derecha desde la terminal de autobuses de México-, se toma una combi a Chilapa -una hora-. En Chilapa, frente al punto de llegada de las combis de Chilapa, salen las de Olinalá -3 horas-.

Dónde comer y dormir:
Existen tres hoteles básicos en Olinalá.
Recomendamos el Terremoto. Tel : 01 (756) 473 00 90. Existen pequeños restaurantes y comedores populares. En todos, la comida, preparada con ingredientes locales, es sabrosa.

Como llegar a Temalacatzingo:

Del barrio de San Diego en Olinalá, salen combis para Temalacatzingo -una hora por carretera de terraceria-.

(1) El nombre científico del lináloe es Bursera aeloxylon.

Referencia:
Secretaría de Turismo de Guerrero
Museo de Arte Polpular
Museo Franz Mayer

Texto Anne Bonnefoy
Fotografía Anne Bonnefoy

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Última actualización de información: Noviembre 2006

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