Mientras tanto, unos pintos fabrican el Judas: un muñeco de paja, con pantalones de mezclilla, sombrero y botas, que pasean en el pueblo en medio de risas y bromas subidas de tono.
Al caer la noche, la tensión aumenta en el atrio, es casi palpable. Muchos danzantes dan muestras de cansancio, los más jóvenes han desaparecido, algunos tienen dificultad para seguir el ritmo: se murmura que la
tesgüinada -el
tesgüino es la cerveza de maíz, bebida tradicional de los
rarámuris- ha empezado en la casa de los abanderados y que unos mestizos están vendiendo “
Orenday” -tequila- a la salida del pueblo. Las cajitas de “Faros”, regalo de los visitantes o retribución de los fotógrafos a sus extraordinarios modelos, circulan alrededor de las fogatas.
Reunidos en el patio de una casa del pueblo, un pequeño grupo de personas esperan en silencio a los “
pascoleros”, protagonistas de una ceremonia que durará toda la noche.
Los dos hombres, un anciano y uno más joven, llegan descalzos y vestidos solamente de una zapeta blanca. A la luz de una fogata, los pintores cubren el cuerpo de los dos hombres de una capa de polvo blanco. Arrojan
tesgüino a los 4 puntos cardinales antes de repartir unas jícaras entre los presentes. Los
pascoleros bailan en círculos en torno a una pequeña cruz forrada de ramas de pino, uno atrás del otro, pisoteando rítmicamente y haciendo sonar los cascabeles que llevan atados en la cintura.
Un violín acompaña esta danza armoniosa, alegre y delicada. Los pintores dibujan minuciosamente con mezclas de tierra de color rojo y negro unas cruces en el pecho, en la espalda, en las articulaciones. Mas tarde, dibujarán líneas y puntos de manera que cada
pascolero quede como el negativo del otro. A cada etapa del maquillaje, se distribuye
tesgüino y se baila alrededor de la cruz.
Sábado Santo.
8 de la mañana: Unos
pintos esperan a la puerta de la iglesia la llegada de los
pascoleros. Otros duermen, ebrios o exhaustos. Los
pascoleros se dirigen a la iglesia, escoltados por 4 hombres que lanzan gritos de coyote.
Dan varias vueltas en la nave de la iglesia, danzando al ritmo del violín. Una multitud los espera a la salida para la quema del Judas que los soldados arrebatan a los
pintos y sientan a la puerta de la iglesia. La atmósfera es eléctrica, la gente bromea, grita, insulta al Judas. Los soldados lo atacan con sus lanzas y le prenden fuego en medio de la alegría general.
3 de la tarde.
Una tolvanera da vueltas en el atrio desierto.
Dos mujeres
rarámuris, la mirada inexpresiva, están sentadas al lado de un
pinto tirado en una esquina. El viento trae por instantes el sonido de los tambores de los grupos que regresan a sus comunidades: la fiesta no está terminada, más bien está empezando en las rancherías. Durará hasta el agotamiento de las ollas de
tesgüino, por los menos 4 ó 5 días más.
Cómo llegar a Norogachi:
-En automóvil particular: En la carretera entre
Creel y
Guachochi, desviarse a la altura de Rocheachi (30 Km. de terracería en buen estado hasta Norogachi).
-En camión: Hay varios camiones por día entre
Creel y
Guachochi. Bajar en Rocheachi, donde hay que esperan un taxis ($300 MX aprox. hasta Norogachi).
Dónde comer y dormir:
Hay hoteles y restaurantes en
Guachochi. Es posible encontrar comida y alojamiento en Norogachi, por ejemplo en la casa de la Señora Luisa Espino (después de pasar el puente, tomar la primera calle a la izquierda y seguir hasta la tienda de la Señora Espino).
Cómo visitar Norogachi:
Durante la fiesta es necesario pagar la contribución que piden las autoridades indigenas para tomar fotografías. El resto del año es indispensable siempre pedir permiso antes de tomar una fotografía.
Referencias:
-Danzar o Morir. Religión y resistencia a la dominación en la cultura Tarahumara. Pedro J. de Velasco de Rivero, SJ
Iberoamericana Puebla y México. ITESO
-Misiones Jesuitas en la Tarahumara siglo XVIII. Ricardo León Garcia. Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.
Tarahumara.com.mx
Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.
Secretaría de Turismo de Chihuaha.
Municipio de Guachochi.
Fundación Tarahumara Jose A. Llaguno.
Sierra Tarahumara WWF.