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Barrancas de Metztitlán

Barrancas de Metztitlán
(Estado de Hidalgo)

A una hora de Pachuca, pasando el pueblo de Atotonilco, la carretera comienza a descender por estrechas curvas hasta llegar al puente de Venados. Allí se deja a la derecha la carretera que conduce a Molango y Tampico para entrar a la Barranca de Metztitlán.

De inmediato sorprende el contraste entre el cobrizo de los altos cerros que rodean el valle, donde sobreviven solamente cactáceas y suculentas, y el verde de la Vega, plantada de altos nogales y aguacates, bajo los cuales prosperan todas clases de hortalizas y verduras. Por todos lados corren canales de riego alimentados por las aguas del río Metztitlán.

El fondo de la Barranca se ensancha al ir avanzando en el camino. La carretera zigzaguea entre pueblitos construidos al pie de los cerros, por arriba de la Vega, para evitar tanto los riesgos de inundación como el desperdicio de tierras fértiles. A unos veinte kilómetros de la entrada de la Barranca, a la vuelta de un gran risco, aparece el pueblo de Metztitlán, dominado por el impresionante edificio del Convento de los Santos Reyes.

Después de Metztitlán la carretera sube hasta el Puerto de Amajatlán, en donde se obtiene una vista espectacular de ambos lados, norte y sur, de la Vega. Después de unos veinte kilómetros más la Barranca se cierra, permitiendo la formación de una enorme laguna alimentada por las aguas del río. Un túnel de desahogue, construido hace poco, evita que la Vega se inunde en temporada de lluvia. A la derecha una carretera lleva a Molango, pasando por Eloxochitlán.

La Barranca de Metztitlán, "lugar de la luna" (de metzli, luna y tlan, lugar) formaba parte del corredor que llevaba del altiplano central a la costa norte del actual México. Por la riqueza de sus tierras ha sido transitada y ocupada desde la época prehispánica por varios grupos poblacionales como otomíes y nahuas posteriormente. Aún quedan rastros de canales y diques que hicieron de la Vega un granero para la población de toda la serranía. Al final del siglo XV los mexicas fracasaron en varias tentativas de someter el señorío de Metztitlán, que se encontraba todavía independiente a la llegada de los españoles.

En 1536 Metztitlán fue dado como encomienda y escogido como centro de la evangelización de la Sierra Alta. Esta tarea fue confiada a dos frailes agustinos, fray Juan de Sevilla y fray Antonio de Roa. Más tarde, otro fraile agustino de Metztitlán, fray Nicolás de San Pablo (el holandés Nicolás de Witte), se destacó como defensor de los indígenas en contra de los abusos de los encomenderos de la zona.

En la Villa de Metztitlán permanecen hoy tres edificios del siglo XVI, el Convento de la Comunidad, el de los Santos Reyes y la Tercena. Muy arruinado, “La Comunidad” sirve hoy de cárcel para el pueblo. Siendo el primer edificio religioso de Metztitlán fue abandonado por encontrarse en un terreno de fácil inundación y se comenzó en 1543 la construcción, mucho más arriba, de otro conjunto que fray Juan de Sevilla dedicó a los Santos Reyes.

Del otro lado del Zócalo se encuentra La Tercena, uno de los pocos edificios civiles del siglo XVI que han llegado a nuestra época, construido en un emplazamiento excepcional, dominando a una buena parte de la Vega. Es una pequeña y bellísima construcción, cuyo estilo muy sobrio – los únicos elementos decorativos son un friso de perlas que da la vuelta al edificio, tres columnas ricamente esculpidas en la entrada y unas gárgolas en forma de animales fantásticos - aparenta el estilo renacentista. En el interior subsisten rastros de pintura mural. No se sabe a ciencia cierta cuál era su uso aunque se habla de una casa de recaudación de diezmos y tributos. Sin embargo, lo más probable es que este edificio haya sido la sede del cabildo indígena. La Tercena sufrió daños considerables cuando el pueblo fue afectado por deslizamientos de tierras. Su restauración se encuentra actualmente en proceso.

Desde la Plaza Central, por una calle muy empinada, se llega a la Iglesia-fortaleza de los Santos Reyes con su enorme atrio rodeado de almenas. Su fachada de estilo plateresco es rematada por una gran espadaña de siete vanos, que se divisa desde muy lejos.

En el interior de la Iglesia permanecen los elegantes frescos de la época de la construcción del edificio, y el magnífico retablo de los Santos Reyes (1698).

El claustro, de arquitectura sobria y armoniosa, fue decorado al fresco en su totalidad. Afectada también por los movimientos de tierra, la iglesia de los Santos Reyes necesitó una delicada restauración que concluyó hace poco. El conjunto es uno de los más bellos construidos por los agustinos. Se ha dicho que a la expulsión del clero regular, cuando se permitió a los agustinos conservar dos conventos, ellos escogieron entre todos los de Malinalco y Metztitlán.

A la entrada del pueblo se encuentra el Museo Vivo de Cactáceas, cuya visita es imprescindible. Éste contiene todas les especies de cactus y suculentas originarias de la Barranca, incluso los famosos viejitos, ya casi extintos, y senderos de enormes biznagas. Desde la parte alta del jardín el visitante descubre un magnífico panorama sobre la Barranca y la Villa de Metztitlán. Más arriba, en las laderas del lado este de la Barranca, quedan pinturas rupestres. Muchas se ubican cerca de fuentes de agua y son accesibles únicamente a pie.

Además de sus hermosos paisajes, la Vega ofrece al visitante las sencillas y elegantes capillas construidas por los frailes agustinos en el siglo XVI como visitas. Se puede mencionar, entre muchas otras, las de San Pedro Tlamanalco y Jihuico (a la entrada de la Barranca), las de Atzolcintla, Tepatetipa, Amajatlán y Tlaxco. Un poco antes de Tlaxco, se esconden las ruinas de la ex-hacienda algodonera de Chilaco. El visitante podrá también seguir hasta la laguna que cierra la Barranca, donde se alquilan lanchas para pasear o pescar. La laguna, de una gran belleza, acoge aves migratorias y una colonia de pelícanos blancos.

Un solo fin de semana no es suficiente para conocer todas las riquezas artísticas y naturales de la Barranca de Metztitlán, pero la tranquilidad del pueblo y la amabilidad de sus habitantes hará que el visitante quiera regresar una y otra vez para descansar y descubrir más de este extraordinario lugar. La Barranca ha sido declarada “Reserva de la Biósfera” en 2003.

Cómo llegar:
En automóvil: Tomar la autopista de Pachuca. En Pachuca, tomar la carretera número 105 hacia Molango y Tampico. En el puente de Venados (75 Km. de Pachuca), desviarse a la izquierda.
En transporte colectivo: Un autobús de la compañía Flecha Roja sale cada hora, desde las 6:30 AM, de la Central de Autobuses del Norte en el D.F. (Av. Cien Metros) para Metztitlán.

Dónde comer y dormir:
Hay varios restaurantes en Metztitlán. Recomendamos el excelente Rincón del Jardín, en la Plaza Central. Los sábados y domingos se ponen puestos en la misma plaza, donde sirven deliciosa comida regional.

Recomendamos la Quinta Española, en la Plaza Central.
Tel: 01 (744) 74 316 76.

Información:
En el Palacio Municipal y en la oficinas de la Reserva de la Biósfera que se encuentra en frente del Palacio Municipal.

Referencia:
Secretaría de Turismo de Hidalgo
Reservas de la Biósfera en México CONAP

Texto Anne Bonnefoy
Fotografía Anne Bonnefoy

Todos los Derechos Reservados © 2007-2008
Última actualización de información: Febrero 2007

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