Una Misión Franciscana en la Pameria: Santa María Acapulco La Sierra Gorda, bien conocida por sus misiones franciscanas de Jalpan, Tancoyol, Landa, Concá y Tilaco (declaradas en 2003 por la UNESCO “Patrimonio cultural de la Humanidad”) esconde un secreto: La Misión Pame de Santa María Acapulco. La Pameria actual, situada entre los Estados de San Luís Potosí y Querétaro, abarca las comunidades de Santa María Acapulco, La Palma, Alaquines y Ciudad del Maíz. Estos Pames o xi’ui (como se llaman a si mismos) son, junto con los Jónaces de Mesa de Chichimecas (cerca de San Luís de la Paz), los únicos sobrevivientes de los chichimecas que poblaban antes de la conquista el centro y el noreste del actual territorio de México. Los Pames que vivían más al sur, en los Estados de Hidalgo y Guanajuato, han desaparecido. Según el historiador Juan Antonio Siller, “el lugar debe su nombre a la advocación del templo dedicado a la Asunción de María (…) y al de Acapulco, que significa donde hay cañas grandes y gruesas”. La misión -según los documentos de la época- fue fundada alrededor de 1740, mientras que la construcción del edificio actual probablemente se inició en la siguiente década. El templo, rodeado de un amplio atrio, fue construido en la parte alta de una loma pelada. Es un edificio de gran tamaño, con un portón que se abre hacia el oeste. Sus gruesos muros de mampostería cubiertos de cal conservan las huellas de los andamios utilizados durante la construcción. Los muros del ábside y de los lados han sido reforzados con contrafuertes. El techo de palma de dos aguas –asimétrico- baja del lado norte casi hasta el suelo, cubriendo el campanario, la entrada lateral al presbiterio y un pasillo que corre a lo largo de la pared desde la fachada hasta el ábside. La fachada (que el INAH esta restaurando) conserva restos de una decoración a base de motivos geométricos de color rojo. Nueve nichos dispuestos en tres series verticales decoran la fachada, seis de los cuales tienen todavía sus santos de adobe recubiertos de argamasa. Arriba del portón, un dragón vigila el acceso al templo. Frente a este último, se encuentra la casa cural, un edificio bajo con techo de palma, sin ventanas y con una sola puerta en su centro que ocupa todo el ancho del atrio. El conjunto sorprende al visitante que conoce las otras misiones franciscanas de la Sierra Gorda con sus apacibles fachadas decoradas con argamasa y pintadas de colores suaves, y que fueron edificadas en la misma época. El templo de Santa María Acapulco, primitivo, austero, ingenuo, de una gran fuerza de expresión, transporta al visitante dos siglos atrás, a la época de la difícil evangelización de la Sierra Gorda. Quedan muy pocos ejemplos de este tipo de construcción en América Latina. Se puede mencionar como los más parecidos, unos templos del altiplano Boliviano cerca de Oruro (Sepulturas o Curahuara de Carangas). Otra sorpresa espera a la persona que ha obtenido del mayordomo la autorización de entrar a la iglesia. Oscuro es el suelo de tierra pisada, oscuros los retablos y los frescos que decoran los muros: a pesar de la altura de la bóveda, se impone al visitante el sentimiento de penetrar en una cueva. |
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Cuando el ojo se acostumbra a la débil luz proporcionada por las altas y pequeñas ventanas y las velas en el suelo, aparecen los detalles del retablo principal, con su imagen estofada de la Virgen de la Asunción sostenida por una nube de ángeles, rematado con una gran corona dorada. Este retablo –al igual que los laterales- es de madera esculpida por una mano indígena en el estilo barroco (muy rococó) del fin del siglo XVIII: los motivos vegetales o de ángeles se entrelazan con maestría y dinamismo alrededor de las pinturas. Ciertos motivos de los retablos han sido retomados y ampliados en los frescos que los rodean, confiriendo una gran armonía al conjunto. Un púlpito de madera policromada y su tornavoz domina la larga nave desierta, sin bancos ni sillas. La bóveda de madera conserva una parte de sus pinturas, donde aparecen santos y fundadores de la orden franciscana. Debajo del coro, una puerta da acceso a un baptisterio con su pila de adobe y argamasa, iluminado por un óculo abierto en la fachada del templo. Después de comprar unas bonitas cestas a las indígenas Pames que le esperan en la entrada del atrio, el visitante toma el camino de regreso al siglo XXI, no sin darse vuelta de vez en cuando para echar una mirada al templo de Santa María Acapulco y a su enorme techo de palma, encallado en lo alto de la loma como otra Arca de Noé. Cómo llegar: Desde el sur: En la carretera Jalpán - San Luís Potosí, desviarse a la derecha (dirección Lagunillas) en el pueblo de Arroyo Seco. Unos kilómetros después de Lagunillas, un cartel indica (derecha) la dirección de Santa María Acapulco. La carretera recién asfaltada esta en excelentes condiciones hasta Santa María Acapulco. Dónde comer y dormir: Cómo visitar el templo: El pasado 1 de Julio del 2007 un rayo incendió la Iglesia de Santa María Acapulco destruyendola casi en su totalidad. Decidimos dejar el artículo como homenaje a todo el pueblo Pame y como registro de una Iglesia que sobrevivió 400 años aproximadamente hasta ese día. Afortunadamente el INAH a comenzado con su rescate. Referencia:Secretaría de Turismo de San Luis Potosí UNESCO Patrimonios de la Humanidad Pueblos Indígenas de México Instituto Nacional de Antropología e Historia Altiplano Boliviano de Oruro Texto Anne Bonnefoy Última actualización de información: Enero 2007 |
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