Salvador Novo, en su artículo "Acta sobre piñatas "escrito en 1948, se interrogaba sobre el origen de las piñatas y reconocía que muy poco se sabía al respecto. Les notaba "una cierta influencia oriental en cuanto al manejo del papel de China" y un parecido con "los faroles y... los juguetes de papel doblado que se cuelgan en las fiestas japonesas y chinas". Especulaba también sobre un posible parentesco con
los judas de Semana Santa y advertía, sin sacar conclusiones, que "en España, se rompen piñatas el que se llama Domingo de Piñata".
Desde entonces, se han hecho más investigaciones sobre el origen de la piñata sin llegar a una conclusión definitiva. La opinión más difundida es que proviene de China (¡ ya !) de donde en el siglo XII el gran viajero Marco Polo la llevó a Italia -la palabra piñata se deriva del italiano "pignatta" y designa una olla de barro-. De Italia, la piñata viajó a España, de donde se embarcó en las naves españolas en compañía de muchas otras tradiciones con destino al Nuevo Mundo.
En la Nueva España, los recién llegados tuvieron la sorpresa de descubrir la existencia de una tradición similar a la suya. Durante las fiestas dedicadas a
Huitzilopochtli, las cuales tenían lugar en nuestro mes de diciembre, los niños mexicas recogían ollas de barro gastadas o en desuso y las decoraban con semillas o plumas de color. El que lograba quebrar con un garrote la olla que sus padres habían colgado en algún rincón de la casa podía hacerse con el regalo que escondía, comida o animal.
Una tradición prehispánica muy parecida todavía sobrevive en
Tipikal, un pequeño pueblo de Yucatán, el juego del pa'p'uul. Se trata de golpear un gran cántaro de barro que cuelga de una cuerda, el cual al explotar debe sonar como trueno. El contenido del cántaro, gallina, pato, iguana o serpiente, es de quien lo pesque... El pa'p'uul se juega el 24 de junio y es parte de los ritos de petición de lluvias.
La existencia de una tradición prehispánica, que fusionó con la tradición europea, podría explicar tanto su éxito inmediato y duradero en la Nueva España como el hecho que no se haya difundido sino mucho más tarde hacia otras regiones de América Latina.
Al parecer, las primeras piñatas "mestizas" hicieron su aparición en 1586, en Acolman -un señorío independiente conquistado por los mexicas poco antes de la llegada de los españoles- donde los agustinos edificaron entre 1539 y 1560 sobre un basamento prehispánico un enorme convento. En 1586, el prior del convento, Fray Diego de Soria, recibió la anuencia del Papa Sixto V para celebrar nueve misas de "Aguinaldo" -se convertirían con el tiempo en las nueve posadas anteriores a Navidad- en las cuales se rompían piñatas.
Las piñatas, destinadas a evangelizar a los indígenas, tenían al principio un sentido religioso, al simbolizar la lucha del hombre contra el mal. La olla de barro decorada con papeles de colores llamativos representaba a Satanás y los siete picos, a los siete pecados capitales. Los participantes, los ojos vendados -símbolo de la fe ciega, tenían que golpear la piñata con el garrote- símbolo de la virtud. Los caramelos y otros premios que caían de la piñata rota eran las recompensas que esperaban al creyente sincero.
En el siglo XIX, las posadas se mudaron a las casas privadas como parte de las festividades navideñas y la piñata salió de la esfera religiosa para acompañar los festejos familiares y los cumpleaños. Desde entonces, "el momento álgido de toda Posada -o cumpleaños- es la hora de quebrar la piñata... No ha variado el gusto de golpearlas y quebrarlas, el de romper sus adornos o ganar sus extremidades que son utilizadas como receptáculos del botín, que nunca será proporcional a la lucha y apachurrones que costó ganarlo"
(1).
Muchos fabricantes de piñatas han cambiado la tradicional olla de barro, difícil de romper, por una olla hecha de papel. Para realizar una piñata "clásica" de Navidad en forma de estrella, revisten un globo con varías capas de papel periódico empapado de engrudo. Al secarse el papel, revientan el globo y pegan a la olla unos conos de cartón para formar los picos -a veces los 7 picos de la tradición, a veces más- y listones de papel. Se decora la pieza con papel crepé, papel de China de colores fuertes o papel metálico dejando un espacio por donde se puede introducir caramelos, dulces y frutas de la temporada, mandarinas, tejocotes, jícamas, cañas, cacahuates...
El papel periódico es la materia prima -se pega sobre moldes de fibra de vidrio- para elaborar las piñatas destinadas a las fiestas infantiles que adoptan las formas más diversas: animales, pelotas de football, carros, personajes de películas o de ciencia ficción -hombre araña, Mickey Mouse, Bob esponja- o lo que piden los jóvenes clientes.
Acolman revindica con orgullo ser "la cuna de las posadas". En la entrada del pueblo, una simpática estatua de bronce de Fray Diego de Soria rompiendo una piñata, obra de un artista local, recibe a los visitantes. Un mural en el cubo de la escalera de la Presidencia representa a la primera posada: un indígena golpeando a una gran piñata en medio de una asamblea de frailes.
El ayuntamiento de Acolman organiza cada año en el mes de diciembre una Feria de la Piñata con concurso de piñatas, baile y elección de una reina de la piñata y tradicionales juegos pirotécnicos. En la época navideña, las piñatas invaden las calles del pueblo, así como los pasillos y patios del viejo convento.
A pesar de los esfuerzos de las autoridades, muchos de los talleres de piñatas del municipio cerraron en los últimos veinte años, sea por la desaparición de sus dueños, sea víctimas de la competencia, ya que al día de hoy no hay lugar en la República donde no se elabore esta artesanía popular.
Actualmente, queda en Acolman un solo taller, de la Familia Zacarías, ubicado frente al convento. Sus miembros dedican la mitad del año a la fabricación de piñatas, las cuales serán comercializadas en los mercados de la región y del DF -o en la Feria de la Piñata-.